El camino estrecho hacia la vida eterna: una elección que se vive cada día

Posted On 24 Aug 2025
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El diácono Johander Sánchez (izquierda), el Javier Valdés y el diácono Carlos Retamales.

Somos TO.- Este domingo, la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto vivió una celebración eucarística profundamente significativa, presidida por el Padre Javier Valdés y concelebrada por los diáconos Carlos Retamales y Johander Sánchez. Fue una misa marcada por la alegría, la esperanza y una sentida reflexión evangélica, particularmente especial por la participación del diácono Johander Sánchez, quien dentro de poco será ordenado sacerdote y estuvo a cargo de la homilía.

Con palabras llenas de gratitud y emoción, el diácono Johander inició su predicación saludando a los asistentes y recordando con afecto su camino vocacional en esta parroquia. Compartió que fue en este mismo templo donde comenzó como lector de la Palabra y recibió el sacramento de la Confirmación, cuando ya sentía en su corazón el llamado al sacerdocio. Agradeció especialmente al Padre Edgar y al Padre Javier por brindarle la oportunidad de predicar, considerándolo un honor muy especial.

La reflexión se centró en el Evangelio de San Lucas 13, 22-30, donde Jesús nos invita a esforzarnos por entrar por la puerta estrecha. El diácono enfatizó que no basta con conocer al Señor de palabra, ni con haberlo escuchado alguna vez; es necesario vivir de acuerdo a su voluntad. La fe no se trata solo de prácticas externas, sino de un compromiso profundo y sincero con Dios. Citando la segunda lectura, recordó que “el Señor corrige a los que ama”, y que esa corrección no es castigo, sino una forma de manifestar su amor y guiarnos por el camino correcto.

El diácono Johander compartió tres aspectos fundamentales de la Palabra de Dios en este domingo. El primero es la revelación del plan de salvación: Dios ha manifestado su deseo de reunir a todas las naciones, como se describe en la primera lectura. No es un proyecto exclusivo, sino una invitación universal. Nosotros, como creyentes, somos llamados a colaborar con ese plan, llevando a otros hacia El, como mensajeros que presentan ofrendas en el templo.

El segundo aspecto es la misión encomendada a cada uno. El salmo de hoy nos recuerda: “Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio”. No se trata solo de palabras, sino de una vida coherente, en la que nuestras acciones también hablen de Dios. Predicar el Evangelio es una responsabilidad de todo bautizado.

El tercer punto es la corrección del Señor, como lo señala la carta a los Hebreos. El diácono recordó que, aunque nadie disfruta ser corregido, esa corrección es una muestra de amor. “¿Qué padre no corrige a su hijo?”, preguntó, recordando que la disciplina de Dios busca nuestro bien, nos pule, nos afina para que cumplamos mejor la misión que El nos encomienda.

“Participamos en el plan de salvación”, insistió el diácono Johander. No somos simples espectadores, sino colaboradores activos en la obra de Dios. Por eso, el Señor nos llama a ponerlo en el primer lugar de nuestras vidas, a alinear nuestras acciones con lo que predicamos. Nos invita a ser testigos fieles que, con nuestras palabras y obras, llevemos a muchos hermanos hacia El.

Pero también advirtió con claridad: la salvación es gratuita, sí, pero no debe darse por sentada. No se obtiene automáticamente por asistir a misa, ser sacerdote o participar en muchos grupos. Es una invitación constante que debe aceptarse y renovarse cada día. Es una elección libre, y como dijo Jesús, requiere esfuerzo para entrar por la puerta estrecha. No se trata de merecer la salvación por obras, sino de responder al lugar que Dios ocupa en nuestras vidas y de vivir según la misión que El nos ha confiado.

Finalmente, el diácono nos dejó una profunda llamada a la conversión personal. Dios espera que dejemos atrás el rencor, el egoísmo, la rabia, la avaricia y tantas actitudes humanas que nos alejan de El. La salvación no es por mérito propio, sino por la gracia de Dios y por nuestra respuesta a su amor.

Así concluyó esta misa, con un mensaje claro y desafiante: ser verdaderos discípulos, no solo de palabra, sino con una vida coherente, comprometida y abierta a la corrección amorosa del Padre. Que cada uno de nosotros pueda, con humildad, responder a esa invitación del Señor: “Esfuércense por entrar por la puerta angosta”.

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