El poder sanador del agradecimiento

Posted On 12 Oct 2025
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Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.- Todos, en el fondo, tenemos el deseo de ser agradecidos y de que los demás reconozcan el bien que hacemos. Los padres esperan gratitud de sus hijos por tantos sacrificios; los esposos, uno del otro, por la entrega diaria.

Pero ¿qué significa realmente el agradecimiento?

En el Evangelio de este domingo (cf. Lc 17,11-19), diez leprosos salen al encuentro de Jesús. Él los envía a presentarse ante los sacerdotes, cumpliendo la Ley de Moisés, que mandaba que todo curado de lepra fuera examinado por el sacerdote para ser reintegrado en la comunidad (cf. Lv 14,2-3).

Aquellos hombres obedecen, y “mientras iban, quedaron limpios” (Lc 17,14). Sin embargo, sólo uno regresa para dar gracias. Jesús, sorprendido, pregunta: “¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve?” (Lc 17,17).

El Señor no sólo sana el cuerpo; quiere también sanar el corazón humano de la ingratitud, que nace del olvido de Dios. En la Iglesia, Jesús continúa su obra de curación a través de los sacramentos, signos visibles de su gracia invisible.

Entre ellos están los sacramentos de sanación: la Penitencia y la Unción de los enfermos. En la Penitencia, Cristo nos libera del pecado y nos concede su misericordia sin límites. Nos sana interiormente y nos hace capaces de perdonar como Él nos perdona (cf. Jn 20,22-23).

En la Unción, el Señor fortalece al enfermo, lo consuela, le da paz y, si conviene para su salvación, también le concede la salud del cuerpo (cf. Sant 5,14-15). Ser agradecido es vivir reconciliado con Dios y con los demás.

El agradecimiento abre el corazón a la gracia y nos introduce en el misterio del Evangelio. Que también nosotros sepamos volver, como el leproso agradecido, a los pies de Jesús para decirle: “Gracias, Señor, por tu amor y por sanarme.”

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