Padre Javier: Cuando la fe se encuentra con la gratitud, nace la paz
Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa del domingo 12 de octubre 2025, celebrada en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Javier Valdés compartió una reflexión basada en el Evangelio de San Lucas 17, 11-19. En este pasaje, Jesús sana a diez leprosos que, desde la distancia y con fe, claman por compasión. Sin embargo, solo uno de ellos —un samaritano— regresa para agradecer y alabar a Dios. Este gesto, aparentemente simple, fue resaltado por Jesús con una pregunta que atraviesa el tiempo: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve?” Y al único que volvió, le dijo: “Tu fe te ha salvado”.
El Padre Javier comenzó su homilía con una reflexión sencilla pero muy cercana a nuestra vida cotidiana: cuando somos niños, una de las primeras palabras que nos enseñan nuestros padres es “gracias”. Es una palabra pequeña, pero poderosa, que expresa reconocimiento por el bien recibido. Él compartió incluso que, como tío, siente la responsabilidad de enseñar a sus sobrinos a ser agradecidos, porque dar gracias es un acto que nace del corazón, un reflejo del bien que reconocemos en el otro.
Esta enseñanza se entrelaza con el mensaje central del Evangelio: el agradecimiento es una expresión esencial de la fe cristiana. Para quienes han experimentado el amor de Dios, dar gracias no es una obligación, sino una respuesta natural. Agradecer por la vida, por la salud, por la familia y, sí, también por los momentos difíciles, es parte del camino de fe. Porque cuando se camina con Dios, incluso las pruebas se viven con esperanza y con la certeza de que no estamos solos.
El Padre Javier explicó con claridad la dura realidad de los leprosos en el tiempo de Jesús. Ser leproso no solo significaba estar enfermo, sino ser rechazado por la sociedad y considerado pecador. Eran expulsados de sus comunidades, condenados a vivir en el aislamiento, portando incluso un sonajero para advertir a otros de su presencia. En este contexto, el milagro de Jesús no fue solo físico, sino profundamente humano: les devolvió la salud y también la dignidad, les dio un lugar de nuevo entre los suyos.
Sin embargo, solo uno volvió a agradecer. Ese único leproso no solo recibió la curación de su cuerpo, sino también la salvación de su alma. Y es que el verdadero agradecimiento nace de un encuentro personal con Dios, de una experiencia viva de fe. El Padre Javier nos recordó que ser agradecidos es una señal de ese encuentro, una manifestación de que hemos reconocido la presencia de Dios en nuestras vidas. La gratitud es, en definitiva, un acto de fe.
En su reflexión el sacerdote, también hizo una conexión muy valiosa con la experiencia de los inmigrantes. Ser inmigrante, dijo, es un acto de valentía. Es enfrentar desafíos, adaptarse a una nueva cultura, aprender un nuevo idioma, y levantarse una y otra vez a pesar de las caídas. Muchos de los presentes han vivido momentos duros, han dejado atrás familia, amigos, raíces. Y en medio de todo eso, ¿qué ha sostenido su camino? La gracia de Dios.
El Padre Javier compartió su preocupación por aquellos que no tienen empleo, y cómo reza constantemente por ellos. Reconoció que muchas veces lo único que podemos hacer es abandonarnos en manos de Dios, decirle: “Señor, ya no puedo más, ayúdame tú”. En ese abandono sincero nace la paz, como la que encontró aquel leproso que volvió a Jesús. Cuando reconocemos que Dios es quien nos sostiene, nuestro corazón se llena de gratitud, incluso en medio de las dificultades.
Finalmente, el Padre Javier nos invitó a empezar nuestras oraciones siempre con una palabra: “Gracias”. Porque aunque haya problemas, aunque las circunstancias no sean perfectas, si tenemos fe, si tenemos a Dios en el corazón, siempre habrá algo que agradecer. Y ese simple acto de dar gracias puede cambiar la perspectiva con la que vivimos.
Este Evangelio y esta reflexión nos dejan un mensaje claro: no basta con recibir bendiciones, es necesario reconocerlas, agradecerlas y vivir desde una fe que transforma el corazón. Como el samaritano del Evangelio, que no solo fue curado, sino que encontró la salvación.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.


