Un día de fe, amor y devoción: Toronto honra al Señor de los Milagros
Por Víctor R. AGUILAR.- Bajo una intensa lluvia, se realizó el recorrido procesional del Señor de los Milagros en la ciudad de Toronto. El evento climatológico no fue impedimento para que cientos de fieles siguieran el anda del Cristo Moreno, cargada con fervor por los integrantes de la Hermandad del Señor de los Milagros de Ontario. La devoción y el amor al Cristo de Pachacamilla se impusieron al mal tiempo, convirtiendo la jornada en un testimonio vivo de fe y perseverancia.
Entre los presentes se pudo notar la asistencia del Cónsul General del Perú en Toronto, José Luis González Donayre, quien acompañó a la comunidad peruana en este día tan especial, reafirmando el valor espiritual y cultural que representa esta celebración para los peruanos en Canadá.
En pleno otoño canadiense, cuando las hojas de los árboles comienzan a tornarse rojizas, anaranjadas y verde claro, sabemos que ha llegado octubre. Este mes, más allá de anunciar la transformación de la naturaleza, marca una fecha muy especial para la comunidad peruana en Ontario: el Mes del Señor de los Milagros, una de las manifestaciones religiosas más importantes del catolicismo latinoamericano.
Como cada año, los fieles católicos —principalmente de origen peruano— se congregaron en la Parroquia San Agustín de Canterbury, ubicada en el 80 Shoreham Drive, en North York, para rendir homenaje al Cristo de Pachacamilla, también conocido como el Cristo Moreno o el Señor de los Temblores. Esta devoción, profundamente arraigada en la identidad religiosa del Perú, ha cruzado fronteras y hoy se vive con fervor en tierras canadienses.
Los preparativos comenzaron días antes con la tradicional Novena, un tiempo de oración y reflexión que reunió a los devotos en comunidad, fortaleciendo su fe y renovando sus promesas al Cristo Morado. La Solemne Misa se celebró este domingo 19 de octubre de 2025 a las 12:30 p.m., presidida por el Padre Salvador Curutchet, párroco de la comunidad, en una ceremonia colmada de recogimiento, emoción y gratitud.
Posteriormente, a las 3:00 p.m., se dio inicio a la esperada procesión por las calles cercanas al templo. Centenares de fieles acompañaron la imagen del Señor de los Milagros en un recorrido lleno de cánticos, oraciones e incienso. Fue un momento de agradecimiento por la vida y la salud, y también de súplicas por bendiciones para las familias presentes.
La procesión contó con la participación de toda la Hermandad del Señor de los Milagros de Ontario, además de las sahumadoras, cargadores, banda de música y numerosos devotos de distintas nacionalidades. Unidos por la fe, todos ellos conformaron una emotiva manifestación que une al Perú con Canadá y que reafirma el poder integrador de la espiritualidad.
Una fe que nació en Lima y se expandió al mundo
La devoción al Señor de los Milagros tiene su origen en Lima, Perú, en el siglo XVII. Según los relatos históricos, un esclavo angoleño pintó la imagen de Cristo crucificado sobre una pared de adobe en la zona de Pachacamilla. En 1655, un terremoto destruyó gran parte de la ciudad, pero milagrosamente la pintura permaneció intacta. Este hecho fue interpretado como una señal divina, y desde entonces, la imagen se convirtió en símbolo de fe, esperanza y milagros para millones de peruanos.
Cada octubre, Lima se transforma en un mar de túnicas moradas, escapularios, flores y procesiones multitudinarias, en lo que se conoce como el “Mes Morado”, una de las manifestaciones religiosas más grandes del mundo católico.
La devoción llega a Canadá
En Toronto, esta tradición se mantiene viva gracias a la Hermandad del Señor de los Milagros de Ontario, fundada en 1986 por un grupo de inmigrantes peruanos decididos a preservar sus costumbres religiosas y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Hoy, la Parroquia San Agustín de Canterbury se ha convertido en el epicentro de esta devoción en Canadá. Cada octubre, abre sus puertas a miles de fieles que participan con profunda emoción en la misa y la procesión, reviviendo una tradición que, aunque nació en Lima, hoy palpita con fuerza en el corazón multicultural de Toronto.
La procesión del Señor de los Milagros congrega no solo a peruanos, sino también a latinoamericanos y canadienses, reflejando el espíritu de unidad, fe y esperanza que esta devoción inspira. En medio de cánticos y plegarias, la imagen del Cristo Moreno avanza entre la multitud, recordándonos que la fe no conoce fronteras y que, incluso lejos de casa, el alma encuentra consuelo en las raíces espirituales que la sostienen.










