Padre Javier Valdés: Una fe viva se sostiene en la oración diaria
Por Víctor R. AGUILAR.- El pasado domingo 19 de octubre de 2025, la comunidad de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto vivió una celebración especial, marcada por la reflexión profunda del Padre Javier Valdés y por un momento significativo para los niños de la Infancia Misionera. Coincidiendo con el Domingo de las Misiones —también conocido como el domingo del Domund—, el Padre Javier centró su homilía en el Evangelio de San Lucas 18, 1-8, una parábola que nos llama a la oración constante y a no perder el ánimo, incluso cuando parezca que no hay respuesta.
Desde el inicio de la misa, el sacerdote recordó que uno de los mayores tesoros de la Iglesia son sus niños, con su alegría, su inocencia y su fe sencilla. Retomando las palabras de Jesús: “Hay que hacernos como niños para entrar en el Reino de los Cielos”, invitó a los presentes a redescubrir esa actitud confiada y pura ante Dios. Y fue en ese mismo espíritu que, al finalizar la celebración, los niños de la Infancia Misionera se consagraron públicamente como pequeños misioneros de Jesús, tras un proceso de preparación. Aquellos que perseveraron más de dos años recibieron la pañoleta verde, y los que han estado más de cuatro años, la pañoleta amarilla, como símbolo de su compromiso.
En su homilía, el Padre Javier profundizó en el mensaje del Evangelio, señalando que Jesús no hablaba desde la teoría, sino desde su propia experiencia como Hijo de Dios. Él conocía la importancia de la oración, y por eso, al notar que incluso entre sus discípulos esta práctica estaba debilitada, los animó —y nos anima a nosotros, dos mil años después— a perseverar en el diálogo con Dios.
Para explicar este llamado, Jesús utiliza la parábola de un juez injusto que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Sin embargo, accede a hacer justicia a una viuda que no dejaba de insistirle, simplemente para que ella dejara de molestarlo. Si un juez así respondió por pura insistencia, ¿cuánto más lo hará nuestro Dios, que es justo, bueno y cercano, por aquellos que claman a Él con fe?
El Padre Javier resumió esta enseñanza en tres puntos fundamentales:
1. La oración nace de la fe: No se trata solo de repetir palabras, sino de una verdadera relación con Dios. Sin fe, la oración no tiene sentido. Es nuestra experiencia personal con un Padre que nos ama y cuida de nosotros la que da vida a nuestras plegarias.
2. La confianza en que Dios escucha: Nuestra fe nos debe llevar a confiar plenamente en que nuestras palabras no caen en el vacío. Dios siempre está atento, incluso cuando la respuesta no llega de inmediato. Él conoce nuestras necesidades y sabe cuándo y cómo responder.
3. La perseverancia en la oración: No basta con rezar de vez en cuando. Jesús nos manda a orar constantemente, todos los días. No se necesitan frases elaboradas o fórmulas especiales; basta con hablarle a Dios desde el corazón, con sinceridad y humildad.
El mensaje del evangelio, según el Padre Javier, no es otro que el de mantener viva nuestra fe a través de una oración sincera, constante y confiada. Aunque a veces no veamos resultados inmediatos, aunque parezca que Dios guarda silencio, estamos llamados a no desistir, porque en ese diálogo con Él fortalecemos nuestra esperanza.
La celebración concluyó con la consagración de los niños de la Infancia Misionera, un momento lleno de alegría y esperanza, donde los más pequeños dieron testimonio de su amor a Jesús y su deseo de compartirlo con los demás. Fue un recordatorio claro de que la misión no tiene edad, y que el futuro de la Iglesia se construye desde el presente, con corazones dispuestos a orar, confiar y actuar.
Así, este domingo no solo fue una jornada para hablar de la misión, sino para vivirla con profundidad, recordando que todo comienza con una oración hecha desde el corazón.





