Padre Javier: Solo con Dios en el centro podemos mantener la paz en la tormenta

Posted On 23 Nov 2025
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Por Víctor R. AGUILAR.- En este domingo, marcado por el evangelio de San Lucas 23, 35-43, la comunidad reunida en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto escuchó una homilía profundamente humana y esperanzadora del Padre Javier Valdés. El pasaje del evangelio nos presenta a Jesús en la cruz, en medio del dolor más extremo, frente a las burlas y exigencias de quienes pedían pruebas de su poder. Sin embargo, en lugar de demostrar fuerza terrenal, Jesús revela su auténtica realeza: la del amor que se entrega y perdona. Y en ese escenario aparece el “buen ladrón”, quien, reconociendo su verdad interior y confiando en Jesús, recibe una promesa inmediata y desconcertante: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.”

A partir de esta escena, el Padre Javier inició su homilía recordando que el pueblo de Israel fue un pueblo seminómada, sin un hogar fijo, que caminó por distintas tierras en busca de alimento y sustento. Pero no caminaban sin horizonte: caminaban con una promesa, la esperanza de que Dios les daría una tierra donde encontrarían descanso, alimento, familia y estabilidad: la tierra de Canaán.

Esa promesa sostuvo a Israel durante siglos, y, como enfatizó el sacerdote, Dios la cumplió plenamente, pero no solo dándoles una tierra, sino enviando al Mesías prometido, Jesucristo, el Hijo de Dios.

El Padre Javier recordó que el pueblo esperaba un rey poderoso, capaz de someter a las naciones, un soberano al estilo humano. Pero esa expectativa, dijo, es un reflejo de nuestra propia mentalidad: solemos poner falsos “dioses” en nuestro corazón —el poder, la belleza, la juventud, la inteligencia, los bienes materiales— olvidando que ninguna de estas cosas, aunque necesarias, puede ocupar el lugar de Dios. “Las cosas materiales son necesarias —recordó el sacerdote— pero nunca pueden ocupar el centro del corazón porque son temporales, y Dios nos las da para servir a nuestros hermanos”.

Frente a la figura del rey que domina y somete, Jesús propone una realeza que desconcierta: la realeza del servicio, del amor y de la entrega. Por eso muchos de sus contemporáneos no lo entendieron. Su mensaje lo llevó a la cruz, y la cruz se convirtió en camino de salvación. El Padre Javier explicó que este mensaje también revela un aspecto profundo de la vida humana: la verdadera felicidad no consiste solo en días buenos, porque la vida nos trae también días de cansancio, estrés, dudas, miedo y falta de paz. Y aun en esos momentos —dijo con fuerza— un cristiano puede mantener la paz si tiene a Dios en el centro del corazón.

Recordó, incluso, el sufrimiento de su propia tierra, Cuba, y cómo muchos pueblos viven realidades hostiles. Sin embargo, la promesa de Jesús es real, y así como se cumplió en Israel, también se cumple en cada persona que se abre a su voluntad. La verdadera realización humana está en nosotros mismos, en descubrir nuestros dones, construir nuestra vida con ellos y poner a Dios como fundamento.

En su reflexión, el Padre Javier también subrayó que el alma es el lugar preferido por Dios para habitar. El templo es esencial, es nuestra segunda casa, donde vivimos la fe en comunidad; pero el primer santuario es el corazón. Y en la vida —añadió— perdemos la paz con mucha facilidad porque intentamos cargar solos las pruebas que no podemos resolver solo con fuerzas humanas. Dios es Padre, cuida de nosotros, vela por nosotros, y por eso debemos aprender a confiar y poner en sus manos lo que nos supera.

El sacerdote volvió al evangelio y recordó la escena del “buen ladrón”: un hombre en profunda desesperación, consciente de sus errores, que sin embargo confía en Jesús. Y Jesús le responde con una ternura desconcertante: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” Ese es, dijo el Padre Javier, el mensaje central de Jesús: la resurrección y la vida eterna, el lugar donde viviremos para siempre en la alegría del Padre. Pero para caminar hacia esa promesa, hay pasos concretos.

El primero es aceptar la voluntad de Dios. Jesús mismo sintió miedo y suplicó: “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz”, pero después dijo: “Que se haga tu voluntad”. También nosotros tenemos planes, proyectos, aspiraciones. Sin embargo, muchas veces, incluso cuando alcanzamos lo que queríamos, descubrimos que no somos felices, porque nuestro corazón estaba apegado a cosas que no podían darnos la alegría verdadera.

El segundo camino es la cruz, porque Jesús lo recorrió antes que nosotros. La cruz no es símbolo de derrota, sino de salvación. El tercero es alejarnos del pecado y reconciliarnos con Dios y con nosotros mismos cuando hemos fallado. Y el cuarto es esperar con alegría y esperanza el mundo mejor que Dios nos tiene preparado, el mundo al que llegarán todos los que hayan permanecido fieles al Señor.

Al concluir, la homilía del Padre Javier Valdés nos dejó un mensaje profundamente actual: en un mundo que busca reyes terrenales, poderes visibles y seguridades materiales, Jesús nos invita a descubrir la verdadera realeza que nace de la entrega, de la confianza y del amor. Y como el buen ladrón, basta un acto de verdad interior y de confianza para escuchar la promesa que cambia toda vida: la promesa del paraíso.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

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