Cinco minutos que pueden cambiar tu vida: el llamado a la oración en Cuaresma

El Padre Javier Valdés bendice la ceniza que se impondrá a los fieles en el inicio de la Cuaresma.
Por Víctor R. AGUILAR.- En la homilía de este 18 de febrero de 2026, celebrada a las 7:00 de la mañana en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Javier Valdés ofreció una profunda reflexión centrada en el Evangelio según san Mateo (6, 1-6. 16-18), invitando a la comunidad a vivir la Cuaresma con autenticidad, humildad y un corazón dispuesto a la conversión. Con el Miércoles de Ceniza se inició la Cuaresma, un tiempo especial de 40 días que llama a los fieles a la oración, el ayuno y la limosna como camino de preparación y renovación espiritual.
El Evangelio nos recuerda que las obras de piedad —la limosna, la oración y el ayuno— no deben realizarse para llamar la atención ni para recibir elogios. Jesús advierte que quien actúa buscando reconocimiento humano ya ha recibido su recompensa. En cambio, nos invita a vivir estas prácticas en lo secreto, pensando únicamente en agradar a Dios, quien ve lo más íntimo del corazón y recompensa lo que se hace con sinceridad. El mensaje es claro: no se trata de aparentar santidad ante los demás, sino de vivir una fe auténtica y discreta delante del Padre celestial.
Al iniciar su reflexión, el Padre Javier señaló que en este tiempo escucharemos con frecuencia en la Iglesia, en el misal y en el Evangelio, sobre la importancia de la oración, el ayuno y la limosna. Explicó que la oración es la primera de las tres prácticas que propone la liturgia, porque durante estos cuarenta días nuestra relación con Cristo debe hacerse cada vez más estrecha. Eso implica dedicar tiempo real al diálogo con Dios.
Reconoció que la vida suele ser agitada, incluso para los mismos sacerdotes. Sin embargo, insistió en que es necesario sacar tiempo para estar con el Señor. Muchas veces no le damos el valor que merece ese momento de encuentro con Dios. El cansancio del día puede dificultarlo, pero aun así debemos buscar un espacio en la mañana, en la tarde o en la noche. “Aunque sean cinco minutos”, expresó el sacerdote. Cinco minutos de calidad para estar con el Señor pueden transformar nuestra jornada.
En ese tiempo se puede leer y reflexionar el Evangelio del día, la Palabra que guía, ilumina y sostiene nuestro caminar. También es fundamental la oración en silencio. El Padre Javier destacó el valor del silencio en la vida cristiana, un silencio distinto al del mundo moderno, que está marcado por el ruido constante, la actividad incesante y la falta de pausa. Recordó que así como nos detenemos para dormir, comer, bañarnos o compartir con la familia, también debemos detenernos para hablar con Dios.
Compartió además una experiencia personal que lo conmovió profundamente: la visita a una persona enferma de cáncer. Le impresionó su fortaleza espiritual y la paz que transmitía en medio del sufrimiento. Esa vivencia lo llevó a reflexionar, mientras rezaba el rosario por la noche, sobre cuánto necesita el mundo la paz. Señaló que hoy la paz parece estar en decadencia, y mencionó con dolor la situación en su tierra cubana, donde hay hambre y niños que mueren por falta de medicina. Ante esta realidad, insistió en que la oración debe ser un pilar fundamental en estos 40 días de Cuaresma. No importa si no se pueden dedicar 30, 40 o 60 minutos; lo importante es un tiempo de calidad, aunque sean solo cinco minutos.
Al referirse al ayuno, explicó que forma parte del camino de purificación del alma y de nuestros pecados. El ayuno es una ofrenda al Señor por nuestra salvación y también por la salvación del mundo. Es un acto que fortalece el espíritu y nos ayuda a ordenar nuestros deseos.
Sobre la limosna, el Padre Javier quiso detenerse de manera especial. Reconoció que muchas veces se pone el énfasis en lo material, pero recordó que existe una limosna de enorme valor: nuestro tiempo. El tiempo es un tesoro que se gasta y no se recupera. El dinero puede aumentar o disminuir, pero el tiempo no vuelve. Por eso es esencial dedicar tiempo a la oración, pero también a las personas que amamos. Primero Dios, en la oración personal; luego, quienes nos rodean.
Subrayó además que la Cuaresma es tiempo de perdón, incluso de perdonarnos a nosotros mismos. Muchas veces, aunque el sacerdote otorgue la absolución en el sacramento de la reconciliación, la persona no logra perdonarse y continúa cargando la culpa en su corazón. Es importante reconocer que Dios tiene el poder de perdonar, de vencer el pecado y la muerte. Aprender a perdonarse es aceptar que podemos equivocarnos, pero también rectificar el camino.
Aquí entra el verdadero sentido de la conversión: rectificar los errores, cambiar aquello que nos aparta de Dios y poner nuestra mente y corazón en el Señor para que sea El quien guíe nuestra vida. Ese es el llamado en este tiempo santo: menos apariencia y más autenticidad; menos ruido y más silencio; menos orgullo y más humildad. Una Cuaresma vivida desde lo profundo del corazón.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.
EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

