En el desierto de la vida: claves para vencer la tentación en Cuaresma
Por Víctor R. AGUILAR.- En la homilía del sábado 21 de febrero, válida también para el domingo, el Padre Edgar Romero reflexionó profundamente sobre el Evangelio según San Mateo (Mateo 4, 1-11), donde se relata cómo Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches y fue tentado por el demonio.
Primero, el tentador le pidió que convirtiera las piedras en pan, pero Jesús respondió que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios. Luego lo llevó al templo y lo desafió a lanzarse al vacío para que los ángeles lo salvaran; Jesús afirmó que no se debe tentar al Señor. Finalmente, desde un monte alto, el diablo le ofreció todos los reinos del mundo a cambio de adorarlo, y Jesús lo rechazó diciendo que solo a Dios se debe adorar y servir. Tras superar las tentaciones, el diablo se alejó y los ángeles se acercaron para atenderlo.
El Padre Edgar Romero inició su reflexión recordando que este es el primer domingo de Cuaresma, tiempo que comenzó con el Miércoles de Ceniza y culmina el Jueves Santo. En este primer domingo siempre se proclama el pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto. La Palabra de Dios, según el evangelista San Mateo, está cargada de simbolismo, especialmente en el número cuarenta, que también es referencia para nosotros durante los cuarenta días de preparación.
El sacerdote planteó una pregunta clave: ¿qué fue a hacer Jesús al desierto? No fue llevado a un templo ni a un pueblo, sino a un lugar de soledad y carencia. El desierto es símbolo de prueba, de austeridad, de ausencia de lo esencial. Es un espacio donde la vida se vuelve ruda y difícil, un tiempo de confrontación interior.
Recordó además que fue el Espíritu quien condujo a Jesús al desierto. De la misma manera, la Iglesia nos introduce en este tiempo de Cuaresma como en un desierto espiritual. Somos invitados al ayuno, la penitencia, la oración y el sacrificio. Ese es nuestro desierto simbólico, el camino hacia la conversión.
El Padre Edgar Romero subrayó también la importancia del silencio durante la Cuaresma. El silencio forma parte de la penitencia y nos ayuda a escuchar la voz de Dios. Invitó a los fieles a introducirse espiritualmente en ese desierto mediante la oración, el ayuno, la limosna, el desprendimiento, la abstinencia y pequeños sacrificios que fortalezcan el corazón.
Al referirse a las tentaciones, destacó que Jesús sintió hambre después de los cuarenta días y fue entonces cuando apareció el diablo. “Siempre me he preguntado por qué no se apareció al principio”, comentó, “y la respuesta es porque Jesús ya estaba débil”. De ahí una enseñanza importante: somos más tentados cuando estamos frágiles y vulnerables. El demonio es astuto y sabe cuándo atacar.
Sin embargo, la fortaleza de Jesús fue su profunda relación con Dios Padre. A pesar del hambre y el cansancio, no cayó en la tentación porque permanecía unido a Dios mediante la oración. Esa es también nuestra clave en este tiempo: fortalecer nuestra relación con el Señor.
El sacerdote explicó que la primera tentación toca las necesidades humanas básicas. Todos tenemos hambre, sed y deseos propios de nuestra naturaleza. No son malos en sí mismos, pero deben vivirse con responsabilidad y dominio propio, no de manera desordenada.
La segunda tentación, añadió, apunta a manipular a Dios, a querer una fe cómoda que no exija compromiso. Pensar que la fe es un seguro automático, sin esfuerzo ni conversión, es también una trampa.
Finalmente, habló de la tentación del poder, la fama y el reconocimiento. Creer que valemos por lo que tenemos o aparentamos es una seducción constante. Jesús rechazó esa propuesta y reafirmó que solo a Dios se debe adorar y servir.
El Padre Edgar Romero concluyó invitando a vivir esta Cuaresma con el mismo espíritu que sostuvo a Cristo en el desierto. Que la gracia de Dios nos fortalezca en nuestras debilidades y nos ayude a vencer las tentaciones para crecer en conversión y fidelidad.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
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