Cuando Dios nos enseña a mirar más allá de las apariencias
Por Víctor R. AGUILAR.- En la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Edgar Romero celebró la misa dominical acompañado del diácono Carlos Retamales, compartiendo con la comunidad una profunda reflexión a partir del Evangelio proclamado ese día.
Según el Evangelio de San Juan (9, 1. 6-9. 13-17. 34-38), Jesús encuentra a un hombre ciego de nacimiento. Hace lodo con su saliva, lo coloca en sus ojos y le dice que se lave en la piscina de Siloé. El hombre obedece y recupera la vista. Los vecinos se sorprenden y lo llevan ante los fariseos, quienes discuten porque el milagro ocurrió en sábado. Mientras algunos dudan de Jesús, el hombre afirma que es un profeta. Los fariseos lo rechazan y lo expulsan, pero Jesús lo busca y le revela que Él es el Hijo del hombre; entonces el hombre cree en El y lo adora.
Al iniciar su reflexión, el Padre Edgar Romero hizo referencia al evangelio del domingo pasado, el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Señaló que hoy escuchamos otro evangelio tomado de San Juan, el encuentro de Jesús con un ciego, pero un ciego de nacimiento. El sacerdote preguntó a los asistentes cuántos ojos tenemos nosotros. La gente respondió que dos, pero él explicó que, según la Biblia, tenemos cuatro ojos. Precisamente de eso habla la Palabra de Dios hoy: nos habla de ver, del ciego de nacimiento que ahora ve.
El sacerdote explicó que es terrible no poder ver. Una persona puede ser sorda o muda —y comentó que incluso ser mudo podría tener algún beneficio, porque cuántos chismes uno se ahorraría—, pero la vista es esencial. Señaló que uno de los dones más importantes es el regalo de la vista, porque con ella podemos contemplar la naturaleza, los colores, distinguir las cosas y ver a nuestros padres. “Qué regalo tan maravilloso nos ha dado el Señor”, expresó.
El Padre Edgar Romero recordó que el hombre del evangelio era ciego de nacimiento y nunca en su vida había podido ver nada: ni cómo era el mundo ni el rostro de sus padres. Sin embargo, también relacionó este mensaje con la primera lectura, donde aparece Samuel, el profeta que fue enviado por Dios a buscar un rey para su pueblo. Samuel fue enviado a la casa de Jesé, que tenía siete hijos. Al ver al primero, pensó que era el elegido: buena presencia, buen tamaño, rubio, bien portado, incluso “va al gimnasio”, comentó el sacerdote con un toque de humor. Pero el Señor le dijo a Samuel: “Ese no es. No te dejes engañar por las apariencias. Dios ve los corazones”. El Señor explica que las personas suelen fijarse en las apariencias, pero Dios mira el corazón.
El sacerdote explicó que Dios ve los corazones y es capaz de verlo todo. Preguntó a los fieles si ellos podían ver el corazón de las personas. La respuesta es no; para hacerlo habría que estar en un hospital realizando algún examen. Pero Dios sí tiene el poder de ver los corazones. Por eso, señaló que podemos decir que Dios tiene otros ojos. No solo dos, sino cuatro, porque mientras nosotros vemos las apariencias, Dios ve más allá. Ve el corazón. Por eso no debemos dejarnos llevar por lo externo, sino aprender a mirar el interior.
El Padre Edgar Romero también se refirió al inicio del evangelio, cuando dice que Jesús vio al pasar a un ciego. Ese detalle muestra que Jesús no es indiferente a las necesidades de los demás. Dios ama a sus hijos y no es indiferente a nuestro dolor. Dios no nos mira para juzgarnos, como hacían los apóstoles con una mirada acusadora. A veces nosotros mismos caminamos viendo todo para acusar. Pero Jesús dice: “Yo no veo eso”. Dios nos mira con amor y misericordia.
El sacerdote explicó que, por eso, deberíamos aprender a mirar de otra manera. En el evangelio se dice que somos ciegos porque miramos solo para juzgar y señalar. Muchas veces decimos: “Estos son los buenos, estos son los malos”, “estos son los feos, estos son los bonitos”. Esa forma de mirar nos hace ciegos ante Dios, porque no somos capaces de ver más allá.
En su reflexión, el Padre Edgar Romero también recordó que debemos aprender a mirar más profundamente. Señaló que la conversión ocupa el primer lugar en nuestra vida. Recordó haber escuchado al predicador del Papa, un capuchino, quien en una reflexión de Cuaresma decía que la conversión también implica cambiar nuestra manera de ver las cosas. Convertirse significa aceptar la manera en que Dios nos mira. Es aceptar esa mirada de misericordia y amor que Dios tiene hacia nosotros.
El sacerdote explicó que Dios no nos mira para acusarnos ni para hacernos huir, como ocurrió con Adán y Eva cuando el Señor venía y ellos se escondieron. Dios nos busca no para condenarnos, sino para rescatarnos. Por eso la conversión también implica cambiar nuestra manera de ver.
Finalmente, el Padre Edgar Romero invitó a los fieles a desarrollar la vista, los ojos del corazón. Volvió a preguntar: ¿cuántos ojos tenemos? Y recordó que son cuatro. Expresó su deseo de que todos seamos capaces de ver también con los ojos del corazón, así como Dios ve a sus hijos, para poder mirar a nuestros hermanos con esa misma mirada. “Hay que ir más allá”, concluyó.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.
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