“Para Dios no hay nada oculto”: profunda homilía del Padre Javier Valdés en Toronto

Por Víctor R. AGUILAR.- En una emotiva celebración dominical realizada el 21 de junio en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Toronto, el Padre Javier Valdés, acompañado por el diácono Carlos Retamales, presidió una misa especial que coincidió con dos importantes conmemoraciones: el Día del Padre y el Día Nacional de los Pueblos Indígenas. La eucaristía se celebró a templo lleno, en un ambiente de profunda fe, gratitud y reflexión. Durante la ceremonia, los padres de familia recibieron una bendición especial con agua bendita y oraciones para pedir a Dios que continúe guiando y fortaleciendo su misión de vida. Como gesto de cariño, al finalizar la misa, los niños de la Infancia Misionera ofrecieron una conmovedora interpretación de la canción Hoy Tengo que Decirte Papá, arrancando emociones entre los asistentes.

El Evangelio del día, tomado de Mateo 10, 26-33, presentó un mensaje claro y poderoso de Jesús a sus discípulos: no tener miedo de anunciar su palabra ni de vivir la fe públicamente. Cristo recuerda que nada permanece oculto ante Dios y que El conoce lo más profundo del alma humana. También reafirma el inmenso amor del Padre celestial, que cuida incluso de las aves del cielo, asegurando que sus hijos valen mucho más ante sus ojos. Finalmente, Jesús hace un llamado a reconocerlo ante los hombres, prometiendo que El reconocerá ante el Padre a quienes den testimonio valiente de su fe.

Durante su homilía, el Padre Javier Valdés inició su reflexión haciendo referencia a la misa de las 10 de la mañana, una celebración especialmente dedicada a los niños y a la Infancia Misionera. Destacó la importancia de ver a los padres participando activamente junto a sus hijos, subrayando que su presencia no solo fortalece el vínculo familiar, sino también el crecimiento espiritual de las nuevas generaciones. En el marco del Día del Padre, elevó una oración especial por todos los padres de la comunidad, de los países latinoamericanos y del mundo, pidiendo que reciban una gracia particular del Señor para continuar con una de las tareas más desafiantes y trascendentales de la vida: educar a sus hijos.

El sacerdote señaló que ser padre implica mucho más que proveer sustento material; significa preparar a los hijos para enfrentar el mundo exterior, un mundo donde encontrarán alegrías, pero también dificultades y obstáculos. Educar es ayudarles a construir un carácter firme, enseñarles a levantarse frente a la adversidad y, sobre todo, formarlos en la fe para que Dios permanezca siempre en sus corazones.

Al profundizar en el Evangelio, el Padre Javier destacó una frase central del mensaje de Jesús: Quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo.” A partir de esta enseñanza, explicó que la Iglesia nos deja dos grandes reflexiones.

La primera enseñanza es que para Dios no existe nada oculto. Somos, dijo, como un libro completamente abierto ante El. Lo que habita en nuestro corazón, nuestras luchas, heridas, debilidades y anhelos, nada puede esconderse de su mirada amorosa. Dios nos conoce mejor que nadie porque es nuestro creador y nuestro Padre. Comparó esta realidad con el amor y conocimiento que tienen los padres sobre sus hijos: así como una madre o un padre saben reconocer las fortalezas y fragilidades de cada uno de sus hijos, Dios conoce con perfección lo que cada ser humano lleva dentro. Incluso, recordó, el Evangelio dice que Dios conoce nuestras palabras antes de que lleguen a nuestros labios.

A partir de esta verdad, el Padre Javier subrayó que la relación con Dios debe estar basada en la sinceridad y la transparencia. Solo desde una relación auténtica con el Señor es posible combatir el pecado y avanzar en el camino espiritual. Explicó que el corazón humano es como un espacio interior en el que hay áreas plenamente entregadas a Dios, pero también zonas aún no iluminadas por su gracia. Son precisamente esos espacios no evangelizados los que pueden convertirse en terreno fértil para la tentación y la caída.

Por ello, insistió en la necesidad de asumir con responsabilidad la propia evangelización. Cada creyente debe comprometerse con el crecimiento de su fe y con la búsqueda diaria de Dios. Para esa tarea, recordó que no estamos solos: contamos con grandes aliados espirituales como la Iglesia, las Sagradas Escrituras, los sacramentos y el acompañamiento de los sacerdotes. Todos estos medios, afirmó, están al servicio de los fieles para fortalecerlos y ayudarlos a permanecer firmes en el camino del Señor.

La segunda enseñanza, señaló el sacerdote, tiene que ver con la coherencia de vida. No basta con creer interiormente; también es necesario reconocer a Cristo públicamente, tanto en la vida personal como en la sociedad. Explicó que muchas veces el mal espíritu tienta al ser humano presentándole caminos aparentemente atractivos y prometiendo felicidad fuera de Dios. En ese proceso, dijo, solemos hacer pequeñas negociaciones con el mal, creyendo que son insignificantes. Sin embargo, advirtió con firmeza que para el mal espíritu no existen negociaciones pequeñas: cualquier concesión que le permita ganar un espacio en el corazón representa una victoria.

Por ello, enfatizó que la verdadera batalla espiritual se libra en la coherencia entre la fe que profesamos y la vida que llevamos en el mundo. La Iglesia, explicó, y el tiempo que pasamos en ella —especialmente los domingos en la misa— son espacios de renovación espiritual donde recibimos la gracia y la fortaleza necesarias para salir al mundo y vivir el Evangelio sin temor.

El Padre Javier hizo un llamado claro a no avergonzarse de Cristo. Invitó a los fieles a proclamar con convicción: “Cristo está en mí”, y a vivir conforme a las enseñanzas de la Iglesia, rechazando aquello que el mundo suele presentar como libertad, pero que en realidad conduce a nuevas formas de esclavitud. Reflexionó que la verdadera libertad no es hacer todo lo que se desea, sino vivir en la verdad y en el bien, con el corazón libre para amar y respirar plenamente. En contraste, señaló que el mundo moderno frecuentemente ofrece cadenas disfrazadas de libertad: adicciones, ambición desmedida de poder, infidelidades y otras esclavitudes que terminan vaciando el alma.

Con fuerza pastoral, el sacerdote animó a la comunidad a no tener miedo. Invitó a salir al mundo como discípulos y misioneros, llevando el amor, la ley y los mandamientos de Dios. Llamó a permitir que las personas puedan reconocer, a través del testimonio cristiano, que hay algo diferente en quienes viven con Dios en el corazón.

Finalmente, el Padre Javier resumió las dos grandes enseñanzas del día: primero, que para Dios nada permanece oculto y que El siempre escucha, incluso las oraciones más silenciosas; y segundo, que no debemos avergonzarnos de nuestra fe, sino permitir que el mundo conozca a Dios a través de nuestras acciones. Recordó que Dios es un Padre bueno, que desea lo mejor para sus hijos y acompaña cada proyecto orientado hacia la salvación y la verdadera felicidad.

En un mensaje especial dirigido a los padres, destacó que el amor sigue siendo la herramienta más poderosa para educar a los hijos. Los animó a convertirse para ellos en refugio, amparo y consejo sabio, tal como Dios lo es para cada creyente. Cuando los hijos enfrenten dificultades, dijo, los padres deben ser ese lugar seguro donde puedan reencontrar paz, esperanza y fortaleza.

La celebración concluyó con una profunda oración para que el Señor bendiga abundantemente a todos los padres de la comunidad de Nuestra Señora de Guadalupe. Más allá de la conmemoración del Día del Padre, la homilía dejó un mensaje de esperanza y compromiso: vivir una fe sincera, valiente y coherente, permitiendo que el amor de Dios transforme el corazón y se refleje en cada acción cotidiana.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

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