500 aviones en el aire y una decisión en minutos: así respondió Canadá al 11-S

Monumento conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.
SOMOS TORONTO.- Hace 25 años, mientras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 sacudían a Estados Unidos, cientos de aviones comerciales se encontraban en pleno vuelo sobre el Atlántico Norte. Canadá tuvo apenas unos minutos para tomar una de las decisiones más importantes de su historia reciente: cerrar su espacio aéreo y encontrar un lugar seguro para miles de pasajeros.
David Collenette, quien entonces era ministro de Transporte de Canadá, se encontraba en Montreal participando en una conferencia internacional de ejecutivos aeroportuarios cuando recibió una nota informándole que había ocurrido una tragedia y que debía terminar su discurso. Poco después emprendió el regreso a Ottawa, mientras el mundo observaba con horror cómo dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas de Nueva York, un tercero impactaba el Pentágono y un cuarto se estrellaba en un campo de Pensilvania.
Cuando Estados Unidos cerró su espacio aéreo aquella mañana, alrededor de 500 aviones permanecían en el aire sobre el Atlántico Norte occidental, transportando aproximadamente 85.000 personas. Según Collenette, un avión ingresaba al espacio aéreo canadiense cada 90 segundos.
“No teníamos horas. Esto eran minutos”, recordó el exministro en una entrevista reciente.
La respuesta canadiense fue inmediata. Las autoridades ordenaron a unos 270 aviones que regresaran a Europa, mientras que más de 230 aeronaves tuvieron que aterrizar rápidamente en territorio canadiense. Muchos fueron desviados hacia aeropuertos del Atlántico, especialmente en Terranova y Labrador, Nueva Escocia y Nuevo Brunswick, donde existían grandes pistas construidas durante la Segunda Guerra Mundial. Otros aviones fueron enviados a ciudades como Montreal y Vancouver.
Entre todos los lugares que recibieron aeronaves, Gander, Terranova y Labrador, se convirtió en uno de los símbolos más recordados de la solidaridad canadiense. Ese pequeño pueblo, con unos 9.000 habitantes, recibió 38 aviones y alrededor de 6.500 pasajeros, haciendo que su población prácticamente se duplicara de un momento a otro.
Sin embargo, la historia de Gander no fue un caso aislado. En comunidades de todo Canadá, los habitantes abrieron sus casas y ofrecieron comida, ropa y ayuda a miles de personas que quedaron varadas lejos de sus hogares.
“La gente abrió sus casas. Abrió sus refrigeradores. Cocinó. Donó”, recordó Collenette, quien destacó que nadie cuestionó las órdenes de los controladores aéreos ni se preocupó inicialmente por el costo económico de recibir a tantos pasajeros.
Para el exministro, lo más extraordinario fue la rapidez con la que toda la comunidad de aviación y ciudadanos comunes se organizaron para responder a una crisis sin precedentes. Aeropuertos, autoridades, controladores aéreos, gobiernos locales y ciudadanos trabajaron juntos para garantizar que los pasajeros estuvieran seguros.
Este jueves, Collenette regresará a Gander para participar en el evento “Untold Stories”, organizado en el aeropuerto internacional de la localidad, como parte de las actividades conmemorativas por el 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre.
Las conmemoraciones se extienden por distintas partes de Canadá. En Toronto, el Consulado de Estados Unidos presenta una exposición de dibujos realizados por el artista canadiense John Coburn después de los ataques, titulada “25 Years of Healing Hearts: A Tribute to 9/11 in Drawings”.
En British Columbia, una ceremonia conmemorativa tendrá lugar en el Peace Arch Border Park, en Surrey, con la participación prevista de cientos de primeros respondedores, militares y agentes fronterizos de Canadá y Estados Unidos. Entre los invitados figuran policías de Nueva York, un bombero y un paramédico que estuvieron en servicio durante los ataques. También está previsto un sobrevuelo de helicópteros del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Asimismo, el International Peace Garden, en Manitoba, realizará otra ceremonia con representantes de organismos fronterizos de ambos países, funcionarios de Dakota del Norte y miembros del cuerpo de bomberos de Winnipeg.
A 25 años de los atentados que dejaron casi 3.000 muertos, Canadá recuerda no solo la tragedia, sino también la respuesta humana que surgió en medio del caos. Para Collenette, aquella jornada demostró algo que todavía permanece en la memoria de quienes la vivieron: que, frente a una emergencia de dimensiones extraordinarias, los canadienses fueron capaces de dejar de lado las diferencias, abrir sus puertas y ayudar sin preguntar cuánto costaría hacerlo.
