No he venido a traer paz, sino fuego: el mensaje desafiante de Jesús explicado por el padre Edgar Romero
Somos TO – El Evangelio según San Lucas 12, 49-53 presenta un mensaje desafiante y, a primera vista, desconcertante. Jesús dice: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!” y agrega que no ha venido a traer paz, sino división. Estas palabras, pronunciadas por quien es reconocido como el Príncipe de la Paz, parecen contradecir todo lo que conocemos sobre su vida, mensaje y acciones. Sin embargo, como nos recuerda el padre Edgar Romero López, párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, este texto bíblico exige una lectura más profunda y cuidadosa.
Durante su reflexión dominical, el padre Edgar recordó que Jesús es conocido por su cercanía con los enfermos, su misericordia hacia los pecadores, su entrega a los pobres y su incansable generosidad. Jesús trajo un mensaje de reconciliación, siempre llamando a las personas a acercarse a Dios, y corregía con amor a sus discípulos. Por eso, al encontrarnos con un pasaje donde Jesús habla de encender fuego y provocar divisiones incluso dentro de las familias, es natural que surjan preguntas: ¿Cómo puede Jesús hablar así? ¿Dónde queda su mensaje de amor y paz?
El padre Edgar advirtió que es fundamental tener cuidado con la interpretación de ciertos textos bíblicos. “Hay frases en la Biblia que no se deben tomar literalmente”, señaló, citando ejemplos como: “Si tu mano es ocasión de pecado, córtatela”. En este sentido, subrayó que la Biblia debe leerse con discernimiento, entendiendo su contexto y simbolismo. “El fuego del que habla Jesús no es un fuego destructor, sino uno que transforma”, explicó.
¿Qué significa entonces este “fuego” que Jesús desea encender? El padre Edgar nos invita a considerar los múltiples sentidos del fuego. Por un lado, puede ser destructivo: incendios forestales en Canadá han devastado bosques y causado la muerte de animales. Pero por otro lado, el fuego es uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. Desde tiempos prehistóricos, permitió a las personas cocinar, calentarse, y evolucionar en su forma de vida. Gracias al fuego hoy podemos, por ejemplo, disfrutar de un pollo al horno y consumir alimentos libres de bacterias.
Este es el fuego al que se refiere Jesús, según el padre Edgar: el fuego que purifica, transforma, ilumina. Es un símbolo del Espíritu Santo que arde en el corazón de quienes se abren a la presencia de Dios. “Yo he conocido personas que, con la presencia de Dios en sus vidas, arden. Y te transmiten alegría, paz, gozo… eso es lo que Jesús quiere que arda en el mundo”, afirmó.
Respecto a la impactante frase “No he venido a traer paz”, el padre Edgar aclaró que es crucial no confundir la verdadera paz con la mera tranquilidad o la indiferencia. Muchas veces, por evitar conflictos, preferimos callar o retirarnos, pensando que eso es estar en paz. Pero la paz que Jesús propone no es pasiva ni evasiva, sino activa y exigente. Vivir en paz, según el Evangelio, es cumplir con nuestro deber, hacer lo que es correcto, aunque eso traiga consecuencias difíciles.
Jesús vivió en un contexto de opresión bajo el Imperio Romano, donde la paz impuesta era fruto de la fuerza y el sometimiento. Frente a esto, Él propone una paz distinta: la paz que nace del compromiso con la verdad, la justicia y el amor. “Cuando haces lo correcto, aunque enfrentes críticas o conflictos, eso te da paz. Pero si actúas mal, pierdes la paz interior”, concluyó el padre Edgar.
El mensaje de este domingo, aunque duro, nos llama a una reflexión profunda. Jesús no busca dividir por dividir, sino que su mensaje de amor, justicia y verdad inevitablemente provoca decisiones y tomas de postura que pueden generar tensiones, incluso entre seres queridos. El fuego de Jesús es un fuego interior, un ardor que transforma vidas, que enciende corazones para vivir con sentido, con fe, y con el valor de ser coherentes, aún cuando eso implique nadar contra la corriente. El evangelio no se aleja de lo que Jesús es. Al contrario, nos revela otra dimensión de su misión: encender un mundo frío y dormido con el fuego del amor, la verdad y la conversión.
