Padre Javier invita a vivir la santidad a través de las Bienaventuranzas
Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa del sábado 1 de noviembre de 2025, en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Javier Valdés nos invitó a reflexionar sobre el Evangelio de San Mateo 5, 1-12, conocido como el Evangelio de las Bienaventuranzas. En este día en que la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos, el padre recordó que la santidad no es un privilegio reservado para unos pocos, sino una llamada universal, una invitación que Jesús hace a cada uno de nosotros.
El Padre Javier comenzó su homilía recordando que este fin de semana la Iglesia celebra dos fiestas hermosas: la de Todos los Santos y la de los Fieles Difuntos. Ambas, dijo, están profundamente unidas por el amor y la esperanza. Al celebrar a los santos, recordamos que hay personas que ya vivieron en este mundo y ahora gozan de la gracia de la resurrección y de la salvación. Ellos ya están en la gloria del cielo, y su ejemplo nos anima a seguir el mismo camino de fe y entrega.
El Evangelio, explicó el sacerdote, nos ofrece la respuesta a una pregunta esencial: ¿cómo alcanzar la vida eterna? Jesús nos enseña que el camino hacia la salvación pasa por las Bienaventuranzas: “Dichosos los que sufren, los que lloran, los perseguidos, los injuriados, los que dan la vida por mí”. Estas palabras, dijo el Padre Javier, nos muestran que el sufrimiento en esta vida no es en vano, sino que tiene sentido cuando se vive con amor y esperanza en Dios. La recompensa será la gloria de la salvación.
Durante la homilía, el padre compartió una anécdota de su infancia. Contó que, cuando estaba en el colegio, una maestra le dijo: “Javier, no puedes ser tan bueno; también puedes hacer cosas que no sean tan buenas.” Aquello lo dejó pensativo, y decidió preguntarle a un sacerdote sobre ello, pensando que el padre tendría todas las respuestas. El sacerdote simplemente le pidió que leyera el Evangelio de las Bienaventuranzas. Con el paso del tiempo, confesó el Padre Javier, fue comprendiendo el profundo significado de aquel consejo: ser bueno no es una debilidad ni algo ingenuo; es el camino de la santidad.
Ser bueno, explicó, no solo es el camino hacia la salvación, sino la esencia misma de la santidad. Y aunque la santidad de Jesús es única —porque El es el Hijo de Dios—, nosotros también estamos llamados a ser santos de otra manera. La santidad para nosotros consiste en aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida, lo cual nos lleva a la verdadera felicidad, y en ser buenos, evitando todo pecado o acción que nos aparte de la gracia divina. “En Dios está nuestra verdadera felicidad”, afirmó con convicción.
El Padre Javier también recordó con gratitud los valores que aprendió en su familia: el respeto a los mayores, el agradecimiento, la cortesía, el saludar, pedir permiso, hablar con respeto. “Son cosas básicas de una buena formación —dijo—, pero que reflejan lo que hay en el corazón.” Estos valores, enseñados en casa, son la base de una vida buena y de un corazón que busca a Dios.
El mensaje que Jesús nos deja, continuó el sacerdote, es muy claro: al final de la vida, la pregunta será qué tan buenos hemos sido, cuánto hemos servido y cuánto bien hemos hecho a los demás. No se nos juzgará por lo que tuvimos, sino por cuánto amamos y ayudamos.
El Evangelio también da sentido a nuestras tristezas, a las derrotas y a las cruces que llevamos. “Dichosos los que sufren”, nos dice Jesús, porque el sufrimiento no es solo dolor, sino camino de enseñanza y de salvación. La cruz no se puede evitar; debemos cargarla como lo hizo Jesús. “No hay salvación sin cruz”, recordó el padre.
Así como el cirineo ayudó a Jesús a llevar su cruz, también nosotros estamos llamados a ayudar a otros a cargar la suya. Vale la pena ser buenos, aunque el mundo no lo reconozca o no lo agradezca. No lo hacemos buscando recompensas humanas, sino porque somos hijos de Dios y queremos seguir el ejemplo de Cristo.
El Padre Javier Valdés concluyó su homilía recordando que la santidad no es algo lejano ni inalcanzable. Está en cada acto de bondad, en cada gesto de amor, en cada decisión de hacer el bien incluso cuando cuesta. Ser santo es vivir con un corazón humilde, compasivo y justo, confiando en que la verdadera dicha no está en el poder ni en las riquezas, sino en el amor de Dios.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.

