El orgullo nos aísla, la humildad nos conecta con la vida

Posted On 26 Oct 2025
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Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa del domingo 26 de octubre de 2025, celebrada en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Javier Valdés ofreció una reflexión sobre el Evangelio de Lucas 18, 9-14, la parábola del fariseo y el publicano. Con palabras llenas de calidez y cercanía, invitó a los fieles a mirar dentro del corazón y a reconocer que solo desde la humildad podemos acercarnos verdaderamente a Dios y a los demás.

El Padre Javier comenzó diciendo que este evangelio es, para él, uno de los más hermosos que presenta el Señor, porque toca una de las miserias humanas más grandes: el orgullo. Recordó que hace muchos años, en el seminario de La Habana, tuvo que presentar su examen final con este pasaje, y desde entonces lo considera una fuente inagotable de sabiduría y símbolos.

En su reflexión explicó que el Evangelio nos presenta dos figuras contrapuestas: el fariseo y el publicano. El fariseo representa el orgullo y la autosuficiencia; es quien se cree mejor que los demás y piensa que no necesita de nadie. En cambio, el publicano simboliza la humildad, el reconocimiento de la propia fragilidad y la necesidad del perdón de Dios. “El publicano se siente pequeño ante Dios, no porque sea inferior, sino porque sabe que su relación con El es como la de un hijo con su padre: de amor, confianza y gratitud”, expresó el sacerdote.

El Padre Javier advirtió que el orgullo es una de las actitudes que más nos aleja de la gracia divina. “La persona orgullosa cree que puede lograrlo todo sola, sin ayuda, sin escuchar ni aprender de los demás. Pero la vida nos enseña lo contrario: que siempre necesitamos del otro”, señaló.

Recordó que al nacer llegamos al mundo sin conocimiento alguno, y todo lo que aprendemos lo hacemos gracias a la enseñanza, la paciencia y el amor de quienes nos rodean. Por eso, el primer paso para crecer espiritualmente es la humildad. “El fariseo no es coherente: dice una cosa y hace otra. Al llegar al templo, en lugar de orar, se compara con los demás y se siente superior. Pero en realidad, quien necesita compararse todo el tiempo es porque tiene una autoestima frágil”, explicó el Padre Javier.

El verdadero camino, añadió, consiste en reconocer los dones que Dios nos ha dado y ponerlos al servicio de los demás. “Algunos alcanzarán más logros que otros, pero lo importante es que cada uno use sus talentos para ayudar. El fariseo, en cambio, le dice a Dios: ‘Gracias porque no soy como los demás’. Y en ese momento, el agradecimiento se convierte en soberbia. Ahí nace el pecado: en el orgullo y en el egoísmo de creernos autosuficientes”.

El sacerdote continuó recordando cuántas veces necesitamos de otros para avanzar: de nuestros padres cuando somos niños, de los maestros que nos enseñan, de los médicos cuando enfermamos, de los amigos cuando estamos tristes. “Nadie camina solo —dijo—, y mucho menos sin Dios. Él siempre está presente, esperándonos incluso cuando creemos que no lo necesitamos.”

En contraste, el publicano reconoce su pecado y se presenta ante el Señor con sencillez, diciendo: “Ten piedad de mí, que soy un pecador”. Esa actitud, explicó el Padre Javier, abre las puertas del cielo. “Cuando era niño —recordó—, si mis padres sonreían al ver que había hecho algo bien, me sentía feliz. Así también el publicano busca la sonrisa del Padre. Reconoce sus errores, pide perdón y se levanta con esperanza.”

Finalmente, el Padre Javier Valdés invitó a todos a reflexionar sobre el sentido del servicio en la vida cristiana. “Aunque tengamos cargos importantes o responsabilidades grandes, nunca debemos olvidar que hemos venido a servir. La verdadera grandeza del ser humano está en hacerse servidor, en vivir con humildad y gratitud para honrar a Dios.”

Con estas palabras, el sacerdote cerró su homilía dejando un mensaje profundo: el orgullo nos aísla, nos encierra en nosotros mismos, pero la humildad nos conecta con la vida, con los demás y con Dios. Solo quien reconoce su pequeñez puede experimentar la grandeza del amor divino.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

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