Erma Zenaida Carrión: una mujer de fe que ya descansa en el hogar del Padre

Erma Zenaida Carrion (centro) acompañada de sus cuatro hijos. Foto archivo ST.
Toronto, Canadá. – Hoy despedimos una vida larga, plena y llena de historia. Ciento siete años no son solo una cifra, sino un testimonio de fortaleza, sabiduría y amor. En su paso por este mundo, Erma Zenaida Carrión de Guzmán fue testigo de tiempos cambiantes, de generaciones que crecieron bajo su ejemplo y de un sinfín de momentos que dejaron huella en quienes tuvieron el privilegio de conocerla. Su partida nos recuerda que la vida, por más extensa que sea, siempre parece breve cuando se trata de alguien a quien amamos, pero también nos deja una enseñanza: vivir con fe, gratitud y esperanza.
Nacida en Perú, Erma Zenaida emigró junto a su esposo, Orestes Guzmán, a Toronto, Canadá, en la década de 1990. Allí se integró con entusiasmo a la comunidad hispana, participando activamente en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe. Su devoción al Señor de los Milagros se convirtió en parte esencial de su vida. Fiel a esa fe que la sostuvo hasta el final, fue enterrada con el hábito morado, cumpliendo así su último deseo.
La misa de cuerpo presente se celebró en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, oficiada por el padre Javier Valdés y el padre Jean Bosci. La ceremonia fue profundamente emotiva y reunió a familiares, amigos y miembros de la comunidad parroquial, quienes con fe y cariño rindieron homenaje a una mujer que, durante más de un siglo, inspiró con su ejemplo de entrega y devoción.
Durante su homilía, el padre Javier Valdés dirigió unas palabras a sus cuatro hijos, Orlando, Oscar, Bertha y Rosanna: “Erma Zenaida les dio un regalo muy grande: la vida, y junto a esto, otro regalo que es la fe, esa fe que ustedes vieron en su corazón y que hoy debe aliviar su dolor. También Dios les hizo otro regalo: fue Erma Zenaida, su mamá. Una madre es hogar, porque en su vientre empezamos a formarnos y a crecer; un hogar donde tenemos calor, alimento, amor y protección. Después que venimos a esta vida, mamá sigue cuidando y educándonos. Una madre también es un lugar santo, como la Iglesia. Hoy ustedes la despiden, pero yo sé que ella está en el cielo, agradeciendo por esta misa y por todos los que muestran cariño y respeto.”
El padre Valdés recordó que la muerte es un misterio que los cristianos enfrentamos con la esperanza de la resurrección. “Erma Zenaida conoció a Jesús y lo hizo vida en su existencia. La muerte es dolorosa, pero la fe nos enseña que para los cristianos no es el final del camino, sino el reencuentro con Dios y María, con nuestros seres queridos que ya nos anteceden en el hogar del que algún día salimos, un hogar de acogida, calidez y protección. Qué alegría saber que tenemos un lugar especial junto a Dios y que nos volveremos a encontrar con aquellos que ya partieron. Espero que Zenaida, desde el cielo, interceda por sus hijos, su familia y todos los que estamos aquí. Todos tienen un ángel en la eternidad.”
A lo largo de su vida, Erma Zenaida fue testigo de épocas cambiantes y de generaciones que crecieron bajo su ejemplo. Enfrentó con serenidad las dificultades propias de la edad y nunca perdió su espíritu agradecido. En 2020, cuando el mundo enfrentaba la pandemia del COVID-19, contrajo el virus y debió ser hospitalizada. Contra todo pronóstico, logró recuperarse, demostrando una vez más su admirable fortaleza y su voluntad de vivir.
Durante los últimos cinco años permaneció en cama debido a una fractura que le impidió volver a caminar. Sin embargo, nunca estuvo sola: sus hijos se turnaban para acompañarla y brindarle los cuidados necesarios, con el apoyo de una trabajadora permanente y los servicios de asistencia del gobierno canadiense, reconocido por su atención a los adultos mayores.
Erma Zenaida Carrión fue madre amorosa, abuela, bisabuela y tatarabuela. Le sobreviven cuatro hijos—dos hombres y dos mujeres— además de una gran descendencia que la recuerda con cariño y gratitud. Su hija Nora falleció.
Quienes la conocieron la describen como una mujer de carácter firme, espíritu alegre y profunda devoción, que encontró en su familia y en su fe la fuerza para seguir adelante. Su partida deja un vacío, pero también un ejemplo imborrable de esperanza, amor y fe en Dios.
Descanse en paz, Erma Zenaida Carrión de Guzmán.




