El Evangelio nos presenta a un hombre ciego de nacimiento a quien Jesucristo sana.

Posted On 14 Mar 2026
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Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.- Este milagro no es solo un hecho histórico, sino también una enseñanza para nuestra vida cotidiana, especialmente en el tiempo de Cuaresma. ¿Cómo podemos aplicar este signo de sanación en nuestro día a día? Jesús también desea curar nuestra ceguera, esa que muchas veces nos impide discernir entre el bien y el mal.

El quiere que nuestros ojos se abran para que no permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento, el dolor y las necesidades de nuestros hermanos. Cuando estaba en el seminario, nuestro formador nos recordaba con frecuencia la importancia de “tener ojos para ver las necesidades de los demás”. Nuestros ojos no deben servir solo para atender lo que nosotros necesitamos, sino también para descubrir cómo podemos servir y ayudar a quienes nos rodean.

Tener ojos para ver significa mirar más allá de uno mismo, reconocer el dolor del otro y responder con amor y compasión. Pero también existe otra forma de ceguera: la ceguera espiritual. Es la ceguera de pensar que no tenemos pecados, de creer que somos suficientemente buenos y que no necesitamos confesarnos.

A veces uno puede preguntarse: ¿qué gano con confesarme? Sin embargo, esa actitud puede impedirnos reconocer nuestras faltas, nuestras culpas y nuestra necesidad del perdón de Dios. No debemos olvidar que Cristo vino precisamente para perdonar nuestros pecados y reconciliarnos con el Padre. Por eso, muchas personas encuentran difícil acercarse al sacramento de la confesión.

Una de las razones es la pérdida del sentido del pecado. Al hombre contemporáneo le cuesta reconocer sus errores y rechaza con frecuencia la idea de penitencia, sacrificio o humillación. Además, la vergüenza o el miedo a manifestar pecados graves puede convertirse en un obstáculo.

Para prepararnos a una buena confesión pueden ayudarnos algunas preguntas sencillas: ¿Qué he hecho que haya ofendido a Dios? ¿Qué he hecho que haya ofendido a mi prójimo? ¿Qué he hecho que me haya ofendido a mí mismo? Los Diez Mandamientos y los preceptos de la Iglesia también nos orientan en este examen de conciencia, recordándonos que debemos confesarnos al menos una vez al año.

Que este tiempo de Cuaresma nos ayude a pedir al Señor que cure nuestra ceguera, para que podamos ver con claridad nuestra vida, reconocer nuestros pecados y abrir el corazón a su misericordia.

NFORMACION: St. Francis of Assisi Church, Tel: (416) 536-8195 – https://www.stfrancis.ca/

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