Ser fuente de agua viva que transforma: una invitación del Padre Edgar Romero en Cuaresma

Posted On 08 Mar 2026
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Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa celebrada este domingo en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Edgar Romero reflexionó sobre el Evangelio según san Juan (4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42), que narra el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, un pasaje profundamente rico en símbolos y enseñanzas para la vida cristiana.

El Evangelio relata que Jesús llegó a Sicar, en Samaria, y se sentó a descansar junto al pozo de Jacob. Allí habló con una mujer samaritana y le ofreció “agua viva”, explicándole que quien la reciba no volverá a tener sed, porque conduce a la vida eterna. También le enseñó que el verdadero culto a Dios no depende de un lugar específico, sino de adorarlo en espíritu y en verdad. La mujer reconoció que Jesús era el Mesías y dio testimonio a su pueblo; muchos samaritanos fueron a escucharlo, creyeron en El y lo reconocieron como el Salvador del mundo.

Al iniciar su homilía, el Padre Edgar Romero señaló que el evangelio de Juan presenta “un texto muy bonito, un texto amplio que es muy rico en detalles y símbolos”, pero explicó que deseaba detenerse particularmente en el tema del agua, relacionándolo con la primera lectura del libro del Exodo.

Recordó que el pueblo de Israel se encontraba en el desierto, viviendo una especie de Cuaresma que duró cuarenta años. Durante ese tiempo comenzaron a sentir sed porque no había agua, lo que provocó que el pueblo reclamara a Moisés preguntándose si Dios los había sacado de Egipto para hacerlos morir de sed. Moisés, preocupado, clamó a Dios diciendo: “Haz algo porque esta gente me va a matar, me van a apedrear”. Entonces Dios envió agua al pueblo.

Sin embargo, el relato termina mostrando cómo el pueblo puso a prueba a Dios y se preguntaba: “¿Está Dios o no con nosotros?”. Para el Padre Romero, la respuesta está en el mismo hecho de que Dios les dio agua y los asistió en medio del desierto. “Si Dios les dio agua, si Dios los asistió, ahí está la respuesta a esa pregunta. Dios está con nosotros”, afirmó.

El sacerdote explicó que la Palabra de Dios de este día nos recuerda precisamente esa verdad: que Dios está con nosotros. Recordó también el camino espiritual que propone la Cuaresma a través de los evangelios dominicales. En el primer domingo de Cuaresma Jesús estaba en el desierto, profundamente conectado con el Padre; en el segundo domingo lo contemplamos en el monte, recibiendo consuelo y fortaleza de Dios para enfrentar la pasión y la muerte en la cruz.

En ese contexto, el Padre Edgar Romero invitó a fijarse en un detalle importante de la vida de Jesús: El no vivía solamente para recibir. “Jesús en su vida no era solo recibir, recibir y recibir”, explicó. Así como recibía del Padre la gracia y las bendiciones, también las compartía. Por eso, en el encuentro con la samaritana, le dice: “Yo tengo un agua que te puedo dar a ti”.

Ese gesto, señaló el sacerdote, es un signo de la presencia de Dios entre nosotros y de cómo podemos experimentar el amor de Dios a través del prójimo. Así como Jesús recibe del Padre y comparte con la mujer samaritana, también nosotros estamos llamados a hacer que nuestra vida se convierta en un torrente, en una fuente de agua viva.

El Padre Edgar Romero afirmó que la manera en que demostramos que Dios está con nosotros es a través de nuestras propias acciones. Incluso señaló que, para él, “la mayor prueba de la existencia de Dios soy yo”, cuando dentro de nosotros corre una fuente de agua viva que se comparte con los demás. De esa manera se crea una cadena de gracia y bendiciones: Jesús recibe del Padre y lo comparte; quien recibe, a su vez, debe compartirlo con otros.

Explicó que cuando Jesús habla de “agua viva” se refiere a un torrente que fluye y se expande. Esa debe ser la vida cristiana: una vida que no se queda encerrada en sí misma, sino que se convierte en bendición para los demás.

El sacerdote también recordó que la vida cristiana no consiste en recibir sin dar nada. Si recibimos bendiciones de Dios, esas bendiciones están destinadas a ser compartidas. De la misma manera que lo hizo la mujer samaritana, quien después de su encuentro con Jesús dejó su jarra de agua y corrió a compartir con su pueblo la experiencia que había vivido.

“Aquella mujer que fue a buscar agua se olvidó la jarra y se fue a repartir el agua que había recibido de Jesús”, explicó el Padre Romero, refiriéndose al agua que da vida.

En este sentido, invitó a los fieles a pedir a Dios que poco a poco dejemos de buscar únicamente “el agua del mundo”, aquello que no logra saciar la sed profunda de sentido, amor y plenitud que todos llevamos en el corazón.

Asimismo, animó a vivir con mayor desprendimiento de las cosas materiales. “Ojalá que todos nosotros seamos más desprendidos de las cosas de este mundo, como esa mujer que se desprendió de la jarra”, expresó. Reconoció que el alimento, la comida y el dinero son necesarios, pero recordó que no son lo que verdaderamente sacia el deseo de vida plena y felicidad.

Finalmente, el Padre Edgar Romero concluyó su homilía con una invitación a recibir el agua viva de Cristo y permitir que fluya en nuestra vida, convirtiéndose en un manantial que, a través de nuestras acciones, permita a otros descubrir la presencia del Dios vivo.

“Tal vez nosotros podamos recibir el agua viva y que pueda fluir, y nosotros lo podamos convertir en un manantial, para que por medio de nuestras acciones otros puedan descubrir la presencia de Dios vivo”, concluyó. “Amén.”

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

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