EE.UU. e Irán acuerdan poner fin a la guerra y reabrir el Estrecho de Ormuz

Las banderas de Irán…
AGENCIAS.- Tras más de tres meses de conflicto, Estados Unidos e Irán alcanzaron un acuerdo para poner fin a la guerra y reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz, una decisión que promete aliviar la presión sobre la economía mundial y restablecer el flujo de petróleo a través de una de las rutas marítimas más importantes del planeta.
El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó que existe un pacto y anunció el fin del bloqueo naval que Washington mantenía sobre puertos iraníes en la zona. “¡Felicitaciones a todos! Que el petróleo vuelva a fluir”, expresó en redes sociales, aunque sin revelar detalles específicos del acuerdo, cuya firma está prevista para el viernes en Suiza.
La televisión estatal iraní celebró el anuncio asegurando que Estados Unidos fue “obligado” a firmar un acuerdo para terminar la guerra, mientras que el gobierno de Teherán aún no ha emitido una declaración oficial. Según medios iraníes, Pakistán desempeñó un papel clave como mediador en las negociaciones y anunció que ambas partes acordaron el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el conflicto en Líbano.
La reapertura del Estrecho de Ormuz representa uno de los puntos más importantes del acuerdo. La vía marítima es esencial para el transporte mundial de petróleo, gas natural y otros productos energéticos. Su cierre efectivo durante la guerra provocó fuertes impactos en los mercados internacionales y elevó las preocupaciones sobre el suministro energético global.
Sin embargo, el acuerdo ha generado críticas. Diversos sectores consideran que la situación regresa prácticamente al escenario previo al conflicto, pese a las miles de víctimas mortales y los enormes costos económicos y políticos.
Además, Irán mantiene capacidades militares significativas, incluyendo su programa de misiles, su influencia sobre grupos aliados en la región como Hezbollah y un importante stock de uranio enriquecido. El conflicto comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques que acabaron con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei. Desde entonces, la tensión escaló con ataques de misiles y drones iraníes contra Israel y varios países del Golfo.
Aunque se logró una tregua el 7 de abril, las negociaciones posteriores estuvieron marcadas por amenazas, desconfianza y desacuerdos sobre el futuro del programa nuclear iraní. Precisamente, la cuestión nuclear sigue siendo el principal tema sin resolver. Según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica, Irán posee más de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al requerido para la fabricación de armas nucleares.
Teherán insiste en que su programa tiene fines pacíficos y no ha aceptado públicamente renunciar a esas reservas. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos.
El acuerdo podría marcar el fin de una guerra que alteró el equilibrio regional y sacudió los mercados energéticos mundiales, aunque las negociaciones futuras sobre el programa nuclear iraní serán decisivas para determinar si la paz alcanzada puede mantenerse a largo plazo.
