“Con las cosas sencillas podemos hacer grandes realidades”: Padre Edgar Romero
Por Víctor R. AGUILAR.- Hoy, 2 de agosto de 2026, en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Toronto, el Padre Edgar Romero y el Diácono Carlos Retamales celebraron la misa dominical. Durante la celebración, el Evangelio correspondió a San Mateo 14, 13-21, donde se relata cómo Jesús se compadece de la multitud, cura a los enfermos y, con cinco panes y dos pescados, alimenta a una gran cantidad de personas, sobrando finalmente doce canastos.
A partir de este pasaje del Evangelio, el Padre Edgar Romero centró su homilía en la importancia de descubrir el valor de las cosas sencillas, de compartir lo poco que tenemos y de permanecer disponibles ante aquello que Dios nos pide, aun cuando desde nuestra lógica pueda parecer imposible.
En su reflexión, el Padre Edgar invitó a mirar con especial atención esas pequeñas enseñanzas que muchas veces encontramos en la vida cotidiana y que forman parte de lo que llamamos la “sabiduría popular”, esa sabiduría que no necesariamente se aprende en los libros, pero que se descubre en las experiencias sencillas de cada día.
El Padre Edgar comenzó recordando que él ha aprendido mucho de esa sabiduría popular, de esa verdadera escuela de la vida. Para explicarlo, recordó una canción venezolana que dice: “Mi abuela nunca aprendió lo que es la geometría, pero una arepa en sus manos redondita le salía”. Para él, detrás de ese detalle que podría parecer insignificante, existe una enseñanza muy importante: la sabiduría que se esconde en la gente y que nos enseña tantas cosas. Por eso, señaló la importancia de no perder nunca la sensibilidad para descubrir el valor de las cosas pequeñas y sencillas, porque precisamente de ellas se forman las cosas grandes.
Esa sabiduría popular, explicó, es precisamente la que también evoca la Palabra de Dios: una sabiduría del pueblo, una sabiduría que podemos encontrar en lo cotidiano. Y recordó cuántas veces nuestras madres y abuelas, especialmente cuando faltaba la comida o existían limitaciones, encontraban la manera de hacer que alcanzara para todos. Una expresión muy conocida era: “Echenle más agua a la sopa para que alcance”. Para el Padre Edgar, esto también es parte de esa sabiduría que nace de la necesidad, pero sobre todo de la capacidad de compartir y de buscar que nadie quede fuera.
En este contexto, el Evangelio presenta el regalo de la multiplicación de los panes. Jesús y sus discípulos se encuentran con una multitud en un lugar despoblado. El Evangelio habla de cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños. Después de varias horas, los discípulos comienzan a preocuparse porque aquella gente necesita comer. Entonces le dicen a Jesús que despida a la multitud para que pueda regresar, porque no hay comida.
Pero Jesús les presenta un reto que seguramente los desconcertó: “Denles de comer”.
El Padre Edgar destacó que muchas veces también nosotros nos encontramos ante retos o misiones que Jesús nos presenta y que, desde nuestra lógica, parecen imposibles. Entonces podemos preguntarnos: “Señor, ¿qué me estás pidiendo, si eso es imposible?”. Muchas veces pensamos que aquello que Dios nos pide no tiene lógica, que los números no cuadran y que no existe manera de alcanzar el resultado.
Eso es precisamente lo que ocurre con los discípulos. Uno de ellos continúa con un razonamiento lógico y plantea la dificultad: ¿cómo van a dar de comer a tanta gente si solamente tienen cinco panes y dos pescados? Desde la matemática, la respuesta parece evidente. Si solamente hay cinco panes y dos pescados, no existe manera de alimentar a una multitud tan grande. Los números no dan en nuestro razonamiento.
Pero ahí aparece la sabiduría de Dios: aquello que parece imposible y que no tiene lógica desde nuestra manera de pensar puede abrirse a una posibilidad diferente cuando se pone en las manos del Señor. Jesús simplemente les dice que traigan los cinco panes y los dos pescados.
Y ahí está, explicó el Padre Edgar, una de las grandes enseñanzas del Evangelio: el milagro no comenzó cuando Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados; el milagro comenzó cuando aquellos que, aun teniendo poco, decidieron ofrecerlo.
Esta enseñanza interpela directamente nuestra vida. Dios puede pedirnos cosas que, desde nuestra lógica, parecen inalcanzables o que, desde nuestra propia matemática, no producen los resultados que esperamos. Sin embargo, Jesús nos invita a seguir adelante. Y es ahí, precisamente, cuando comienza el milagro: cuando nosotros estamos disponibles.
El Padre Edgar recordó también cuál era la lógica de los apóstoles: despedir a la gente para que aquello que tenían pudiera alcanzarles a ellos. Y relacionó esa actitud con situaciones que todos hemos vivido desde pequeños. Recordó los años de colegio, cuando alguien recibía algo y trataba de esconderlo para que otro no se lo quitara. También recordó lo que sucedía entre hermanos cuando la mamá daba un caramelo y alguno, en silencio, se lo metía rápidamente a la boca, porque muchas veces aparecía la pregunta: “¿Pero comparte?”
Desde esa experiencia tan sencilla, el Padre Edgar señaló que ahí se encuentra un mensaje muy importante del Evangelio: el Señor nos invita a compartir, y ahí comienza el milagro.
Por eso, advirtió que debemos quitarnos de la cabeza la idea de que solamente podemos ser generosos cuando tenemos abundancia. El Evangelio demuestra que también en lo poco podemos ser generosos. No se necesita tener mucho para compartir. La generosidad no depende de la suerte ni de cuánto posee una persona; la generosidad tiene que ver con el corazón.
Así como en la sabiduría popular se dice que, cuando la sopa no alcanza, se le agrega más agua para que pueda llegar a todos, también nuestra generosidad puede multiplicarse. Esa es, según explicó el Padre Edgar, una de las cosas que el Señor quiere enseñarnos: no se trata de calcular cuánto tenemos o cuánto nos sobra. Aunque tengamos poco, podemos disponer de algo de nuestro tiempo, de nuestra alegría e incluso de nuestra pobreza. Puede ser poco, pero cuando se ofrece, puede multiplicarse y ayudar a otros.
El celebrante insistió en que vivir siempre con generosidad es el reto que Dios nos pone. Se trata de vivir con una actitud permanente de apertura, de no encerrarnos en lo que tenemos y de estar dispuestos a compartir aun cuando pensemos que nuestros recursos son insuficientes.
Muchas veces, Dios nos pide una misión grande. Desde nuestra mirada puede parecer imposible, pero la disponibilidad y la gracia de Dios pueden ayudarnos a llevar adelante esa misión. Lo que desde nuestra lógica parece que no alcanza, puede transformarse cuando dejamos de pensar solamente en nuestros propios cálculos y ponemos aquello que tenemos en las manos del Señor.
Y eso es precisamente lo que el Padre Edgar invitó a reconocer como un milagro: cuando nosotros, junto a Dios, podemos hacer grandes obras. El milagro comienza cuando, aun teniendo poco, estamos dispuestos a ofrecerlo; cuando dejamos de pensar únicamente en lo que nos falta y comenzamos a compartir lo que tenemos; cuando abrimos el corazón y nos ponemos disponibles para aquello que Dios nos pide.
La multiplicación de los panes nos recuerda, así, que la generosidad no empieza necesariamente con la abundancia. Puede comenzar con cinco panes, con dos pescados, con un poco de tiempo, con una alegría, con aquello poco que cada uno puede ofrecer. Porque cuando lo poco se entrega con un corazón generoso y se pone en las manos de Dios, puede alcanzar para muchos y convertirse en el comienzo de un gran milagro.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.
EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

