Paciencia y sabiduría para una vida con sentido: el mensaje del Padre Javier Valdés
SOMOS TORONTO.- En la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Toronto, el Padre Javier Valdés, acompañado por el diácono Carlos Retamales, celebró este domingo 4 de octubre de 2026 la Santa Misa, marcada por el mensaje del Evangelio según San Mateo 21, 33-43, en el que Jesús presenta la parábola de los viñadores que rechazan a los enviados del dueño de la viña y que, finalmente, llegan incluso a matar a su propio hijo. Una parábola que habla de la relación entre Dios y la humanidad, de los frutos que estamos llamados a producir y, especialmente, de la paciencia que Dios tiene con cada uno de nosotros.
Al comenzar la celebración, el Padre Javier Valdés agradeció a Dios y a la comunidad por las oraciones que recibió durante sus vacaciones y expresó su alegría por regresar con las fuerzas renovadas, señalando que volvía con la “batería recargada” para continuar con su servicio pastoral.
Al iniciar su reflexión, el sacerdote destacó que el Evangelio de este domingo es un texto muy bonito y profundo, porque presenta la parábola del viñador y deja, a su juicio, dos sentimientos o enseñanzas importantes para todos nosotros. La primera de ellas es precisamente la paciencia del Señor con cada ser humano.
El Padre Javier explicó que el Evangelio establece un paralelo entre nuestra vida de fe y la historia de la salvación. Esta historia comienza con la creación, que es expresión de la voz de Dios dirigida hacia nosotros. Dios nos crea a su imagen y semejanza y nos entrega este mundo con todo lo necesario para que podamos utilizarlo bien y vivir con dignidad, sin pobreza ni necesidades, porque en la creación hay suficiente para todos. Sin embargo, reconoció que en la práctica muchas veces las cosas no son así.
Dentro de esa historia de la salvación, Dios fue enviando durante el Antiguo Testamento la figura del profeta, quien se convirtió en interlocutor y mediador entre Dios y la humanidad. A través de los profetas, Dios comunicaba a su pueblo lo que esperaba de él y mostraba su plan de salvación para cada persona.
Pero, como recuerda la parábola de Jesús, una y otra vez la humanidad rechazó ese mensaje. Muchas veces las personas escogieron alejarse del Señor y tomar el camino del pecado. Incluso hubo profetas que perdieron la vida por cumplir con su misión.
Para el Padre Javier, aquí aparece una primera señal fundamental: Dios nunca se cansa de ofrecernos el camino de la salvación. A pesar de nuestros errores y de nuestros constantes alejamientos, Dios sigue insistiendo. Y su amor llega hasta el punto de enviarnos a su propio Hijo, Jesucristo.
Sin embargo, la humanidad vuelve a repetir lo que había hecho anteriormente: rechaza a Jesús, lo condena y lo lleva a la cruz. Cristo muere por nuestros pecados y nuestros errores, pero precisamente a través de su muerte abre para nosotros la puerta de la salvación.
El sacerdote explicó que aquí aparece una segunda idea importante de la parábola: ¿cuál es el nuevo viñedo para cada uno de nosotros? La respuesta es la Iglesia, la Iglesia fundada sobre la misión de Jesús y sobre su resurrección. Ese es el nuevo viñedo al que todos estamos llamados a acudir y en el que, al igual que quienes nos precedieron, debemos luchar contra el pecado que nos aleja de Dios y buscar la salvación.
Ese estado de salvación, explicó el Padre Javier, es aquello a lo que todos queremos llegar: un lugar en el que ya no tendremos que experimentar el pecado, el sufrimiento, la enfermedad, la tristeza ni el dolor.
Por eso, una de las grandes enseñanzas del Evangelio de este domingo es la paciencia de Dios con cada uno de nosotros.
El sacerdote llevó esta reflexión a la vida cotidiana y señaló que en el mundo moderno hace mucha falta la paciencia. Estamos acostumbrados a que muchas cosas ocurran rápidamente y esa falta de paciencia puede terminar afectando también nuestra vida interior y robándonos la paz.
Uno de los grandes problemas de nuestra época, dijo, es que no sabemos pasar tiempo con nosotros mismos. Necesitamos tener una vida profunda con nosotros mismos, porque cuando no existe esa profundidad interior, la soledad puede afectarnos, podemos sentirnos tristes, molestos o incómodos con nosotros mismos.
Por eso, el Padre Javier invitó a cultivar una vida interior profunda, una vida de oración y de fe. Señaló que es bueno pasar tiempo con uno mismo y aprender a detenerse en medio de la rapidez de la vida moderna. Es necesario poder decir: “Voy a hacer esto”, pero sin vivir permanentemente adelantados, pensando únicamente en lo que vendrá.
El sacerdote hizo notar que los seres humanos somos una especie que piensa constantemente en el futuro. Vivimos preparando cosas para que permanezcan en el tiempo, construimos pensando en el mañana, ahorramos dinero para que nos dure toda la vida y, quizás, al final quienes disfruten de aquello que acumulamos sean las personas que vienen detrás de nosotros.
Estamos constantemente planificando qué vamos a hacer mañana. Pero también, muchas veces, vivimos demasiado en el pasado, hablando de lo que nos ha ocurrido, de los golpes que hemos recibido y de las experiencias difíciles que hemos tenido. De esta manera, entre el futuro que todavía no llega y el pasado que ya pasó, terminamos perdiéndonos el presente.
Y el presente, afirmó el Padre Javier, es mucho mejor de lo que nosotros pensamos. Sin embargo, la búsqueda permanente de aquello que todavía nos falta alcanzar no nos permite disfrutar de lo que ya hemos conseguido.
Por eso, el Evangelio de este domingo ofrece una enseñanza especialmente importante para la época en que vivimos. En medio del internet, del teléfono celular, de la velocidad de la vida cotidiana y hasta de los automóviles que pueden alcanzar los 200 kilómetros por hora, necesitamos aprender a poner una pausa en nuestra existencia.
Detenernos no significa dejar de trabajar ni renunciar a nuestros proyectos. Significa aprender a vivir el momento presente, recuperar la paz interior, encontrarnos con nosotros mismos y descubrir también la presencia de Dios en nuestra vida.
El Padre Javier invitó igualmente a practicar la paciencia con los demás, de la misma manera que Dios la practica con nosotros. Muchas veces, con nuestras malas acciones, lastimamos a otras personas y también nos alejamos del Señor. Sin embargo, Dios siempre tiene paciencia con nosotros y permanece dispuesto a perdonarnos.
“Qué bonito es sentir que te has equivocado y que Dios te perdonará”, fue la idea expresada por el sacerdote al referirse a ese amor misericordioso de Dios que no abandona al ser humano a pesar de sus errores.
El Evangelio invita, entonces, a vivir en ese nuevo viñedo que es la Iglesia universal católica. Allí encontramos los frutos que el Señor nos ofrece a través de los sacramentos, que son los que nos entregan su gracia y nos ayudan a caminar hacia la salvación.
Pero esta invitación no se limita solamente a participar de los sacramentos. También nos llama a recuperar algo que la vida moderna muchas veces nos quita: el tiempo. Tiempo para nosotros mismos, tiempo para el Señor y tiempo para la familia.
El Padre Javier reconoció que en este país es necesario trabajar duro para conseguir las cosas materiales y salir adelante. Sin embargo, invitó a no dejar que el trabajo y las obligaciones ocupen todo nuestro tiempo. También es necesario sacar tiempo para la familia, para compartir, conversar y estar verdaderamente presentes junto a quienes amamos.
Al final, la reflexión deja una enseñanza sencilla, pero profunda: así como Dios tiene paciencia con nosotros, también nosotros debemos aprender a tener paciencia con los demás y con nosotros mismos. Debemos aprender a detenernos, a vivir el presente, a fortalecer nuestra vida interior, a dedicar tiempo a la oración, al Señor y a la familia, y a valorar los frutos que ya existen en nuestra vida en lugar de vivir únicamente preocupados por aquello que todavía nos falta.
Porque, como recordó el Padre Javier Valdés, la paciencia y la sabiduría se construyen. Se construyen con el tiempo, con la oración, con la experiencia, con el encuentro con Dios y también aprendiendo a hacer una pausa en medio de una vida que muchas veces corre demasiado rápido.
El mensaje de la parábola de los viñadores sigue siendo, así, una llamada para todos: Dios no se cansa de esperarnos, de perdonarnos y de mostrarnos el camino. La pregunta que queda para cada uno de nosotros es qué estamos haciendo con ese viñedo que el Señor nos ha confiado y qué frutos estamos entregando con nuestra vida.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.
EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com


