Jueves Santo: Jesús se queda con nosotros y nos enseña a servir
Por Víctor R. AGUILAR.- La misa de Jueves Santo celebrada en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, fue concelebrada por el Padre Edgar Romero, el Padre Javier Valdés y el diácono Carlos Retamales. En esta significativa celebración, los 12 apóstoles fueron representados por los niños de la Infancia Misionera de la parroquia, dando un profundo sentido de sencillez y entrega al gesto del lavatorio de los pies.
El Evangelio de San Juan 13, 1-15 nos presenta a Jesús que, consciente de que se acerca su hora, demuestra su amor hasta el extremo al lavar los pies de sus discípulos, un gesto de humildad y servicio. Aunque Pedro inicialmente se resiste, Jesús le explica que este acto es necesario para tener comunión con El. Luego enseña que, así como El, siendo Maestro y Señor, ha servido a los demás, también sus discípulos deben hacer lo mismo entre ellos. Este gesto se convierte en un ejemplo claro de amor, humildad y servicio mutuo.
El Padre Edgar Romero inició su reflexión mencionando que nos hemos reunido en el corazón de nuestra fe, en este Jueves Santo Jesús nos dio dos de los regalos más grandes que podemos recibir en nuestra vida como cristianos, el mismo en Eucaristía, Jesús no solo nos dejó la Eucaristía, Él mismo se quedó con nosotros. El segundo regalo es el ejemplo del servicio humilde, en la última cena tomó el pan y el vino y dijo: este es mi cuerpo, este es mi sangre, estas palabras no son un símbolo, no son recuerdos del pasado, es el mismo Jesús presente en la Eucaristía, y nosotros debemos creer en eso. La presencia de Jesús en la Eucaristía no es un símbolo, es real, es presencia. La Eucaristía es por tanto la fuente cumbre de nuestra vida cristiana, ahí es donde nos encontramos con Jesús, no solo con la mente sino con todo nuestro ser.
El Padre Edgar Romero, continuando con su reflexión, dijo luego Jesús lavó los pies a los apóstoles, recuerden ustedes que lavar los pies era trabajo de esclavos, nadie con dignidad se arrodillaba ante otros para hacerlo, sin embargo, Jesús, que es Dios, tomó una toalla y un recipiente y se arrodilló ante sus discípulos. No solo nos enseñó el servicio, El lo vivió, primero el testimonio, no solo de palabra, nos dijo claramente: como yo lo he hecho, así deben hacerlo ustedes, pregunta, nosotros servimos, Jesús lo vivió.
El Padre Edgar Romero también se refirió al amor, y dijo que no es un sentimiento, es una acción, es ponerse de rodillas frente al otro, no para adorarlo, sino para servirlo.
Asimismo, el Padre Edgar Romero mencionó que en esta noche también un grupo de hermanas y hermanos harán su consagración al Santísimo Sacramento. Es una gran alegría porque poco a poco va surgiendo el Grupo de Adoradores del Santísimo Sacramento, y luego se formará la primera Cofradía del Santísimo Sacramento en español aquí en Toronto. Estos hermanos han estado preparándose por 33 días, y están respondiendo a un llamado especial: “Mantener viva la llama del amor Eucarístico”, a través de la adoración, oración y el testimonio activo.
El compromiso de estos hermanos no es solo personal, es una misión para toda la comunidad. No es solo una devoción, es pertenencia y dedicación, es un compromiso de la devoción Eucarística, fervientes defensores y proclamadores de la devoción Eucarística. Al final, todos los que se prepararon recibieron una medalla, como signo visible de su entrega y del compromiso asumido ante Dios y la comunidad.
En este Jueves Santo, la Iglesia nos invita a no quedarnos solo contemplando estos gestos, sino a hacerlos vida. A reconocer a Jesús verdaderamente presente en la Eucaristía y a imitar su ejemplo de amor que se traduce en servicio humilde hacia los demás. Porque creer en El también implica vivir como El.







