La alegría que anuncia la cercanía del Salvador
Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.- La liturgia nos sorprende a lo largo del año mediante signos que iluminan el misterio de Cristo, entre ellos los colores litúrgicos. Hoy celebramos el Domingo de Gaudete, cuyo nombre proviene de la antífona de entrada: Gaudete in Domino semper — Estad siempre alegres en el Señor.
En medio del tono sobrio del Adviento, la Iglesia abre un espacio luminoso que anticipa la alegría de la venida del Mesías. No es una alegría superficial ni fruto de emociones pasajeras, sino la certeza de que Cristo ha venido a liberarnos de las obras del enemigo e introducirnos en la vida nueva de los hijos de Dios. Estad siempre alegres en el Señor.
Así como una familia se llena de gozo cuando se acerca el nacimiento de un nuevo miembro, o cuando alguien querido vuelve tras un tiempo lejos, con mucha mayor razón la Iglesia se alegra por la venida de nuestro Salvador. Esta alegría es profundamente bíblica.
El anuncio del ángel a María inaugura la plenitud de los tiempos: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28). Con esta palabra, la historia herida por el pecado comienza a ser restaurada desde dentro por la presencia de Dios.
El profeta proclama: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande… multiplicaste la alegría” (Is 9,1-2). Y en la noche de Belén resuena el mensaje a los pastores: “Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy les ha nacido un Salvador” (Lc 2,10-11). Esta es la alegría que nace del encuentro con Cristo.
Como enseña Evangelii Gaudium, “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (EG 1). Estad siempre alegres en el Señor.
El color rosa de este domingo expresa un respiro de esperanza en medio del camino penitencial: una luz que anuncia que la liberación está cercana y que el gozo de la Navidad despunta ya. Como san Juan Bautista señaló al Mesías, también nosotros estamos llamados a anunciar su venida y a proclamar que Él está en medio de nosotros. Alegrémonos, porque tenemos un Salvador.
