La generosidad como camino hacia la vida eterna
Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.- En el Evangelio que hemos meditado, Jesús presenta la parábola del rico y del pobre Lázaro (Lc 16,19–31). ¿Qué enseñanza nos transmite este relato? Sin duda, podemos sacar muchas reflexiones, pero destaquemos un par de ellas.
Ante todo, Jesús no está en contra de la riqueza; Él no condena los bienes materiales en sí mismos, sino la falta de generosidad y de atención hacia las necesidades de los demás. El pobre yacía a la puerta del rico, y éste no fue capaz de ayudarlo.
Jesús nos llama a no cerrar los ojos ante quienes están en necesidad, siempre que esté en nuestras manos tenderles una mano. Un pasaje complementario nos recuerda al joven que se acercó a Jesús preguntando: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?» (Mt 19,16–21).
Jesús le responde: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». El joven replica: «Todo eso lo he cumplido; ¿qué me falta todavía?». Jesús entonces le dice: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme».
Hoy basta mirar a nuestro alrededor para descubrir necesidades tanto materiales como espirituales. La práctica de la generosidad no se limita a lo material; también podemos ayudar espiritualmente a través de las obras de misericordia espirituales:
• Enseñar al que no sabe, • Dar buen consejo al que lo necesita, • Corregir al que yerra, • Consolar al triste, • Perdonar las ofensas, • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo, • Orar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Muchas personas a nuestro alrededor viven en una pobreza espiritual porque no conocen a Dios. Nosotros, que conocemos a Cristo y escuchamos su Palabra, debemos dejarnos guiar por Él y actuar con generosidad y misericordia, tanto corporal como espiritual, iluminados por el Espíritu Santo.
Que nuestra vida refleje el amor de Cristo y pongamos en práctica sus enseñanzas en cada gesto de ayuda y de consuelo.
