Sin excusas ni atajos: vivir la ley de Dios desde el corazón

Posted On 15 Feb 2026
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El Padre Javier Valdés.

Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa de las 8:00 de la mañana de este domingo 15 de febrero de 2026, en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Javier Valdés ofreció una profunda y clara reflexión a partir del Evangelio de San Mateo (5, 20-22. 27-28. 33-37), recordándonos que la verdadera justicia no se limita al cumplimiento externo de la ley, sino que nace del corazón y transforma la vida entera.

El Evangelio nos enseña que no basta con no matar; también el enojo contra el hermano es condenado. No basta con no cometer adulterio; incluso el deseo impuro en el corazón ya es falta. Asimismo, Jesús invita a vivir con total sinceridad, sin recurrir a juramentos innecesarios, dejando que nuestra palabra sea clara y honesta: que el “sí” sea sí y el “no” sea no, porque todo lo que excede esa verdad proviene del mal.

Al iniciar la celebración, el Padre Javier hizo una referencia especial a la situación que atraviesa Cuba. Señaló que todos los sacerdotes cubanos que se encuentran fuera de su país se están uniendo en oración por la grave realidad que vive la isla y pidió a la comunidad elevar también sus plegarias por esa intención.

Al profundizar en el Evangelio de San Mateo, el Padre Javier Valdés explicó que nuestro camino comienza cuando aceptamos a Jesucristo por medio del sacramento del Bautismo. Muchos de nosotros —dijo— lo recibimos a una edad en la que no pudimos elegir conscientemente, y algunos podrían pensar que no se nos dio la oportunidad de decidir. Sin embargo, el Bautismo oficializa en nuestro corazón una verdad que ya existe: todos somos hijos de Dios, creados por El, nuestro Padre. Hay quienes eligen el camino contrario y otros que lo aceptan; el sacramento, en definitiva, imprime en nosotros un sello indeleble y oficializa la gracia de Dios en nuestra vida.

El Padre Javier Valdés subrayó que este sacramento nos abre la puerta de la salvación y que Dios, en su amor, nos da la libertad para elegir. Esa elección —aclaró— no es una imposición, sino una respuesta que nace desde lo profundo del alma y del corazón. Podemos descubrir la grandeza de Dios por medio de la fe, desde la experiencia personal y los sentimientos. Pero, una vez que crecemos y alcanzamos el uso de razón, esa libertad nos invita a unir nuestra vida a las enseñanzas del Evangelio. Es entonces cuando participamos activamente con Dios en la historia de la salvación.

El Señor nos abre la puerta y nos dice: “Este es el camino, deben hacerlo”, pero somos nosotros quienes decidimos si caminarlo o no. Para ayudarnos, el Evangelio nos presenta la ley. ¿Es importante la ley? Sí —afirmó el Padre—, porque nos disciplina, nos orienta y nos da un norte. La comparó con un GPS en el automóvil: cuando no conocemos la dirección, ese GPS nos brinda seguridad para llegar al destino. Pero, una vez aprendido el camino, deberíamos recorrerlo casi automáticamente. Así también ocurre con la ley del Señor: primero nos guía; luego, debe vivirse con naturalidad desde el corazón.

El Padre Javier recordó que la ley de Dios no es difícil de cumplir; sin embargo, al mundo moderno le cuesta vivirla porque confunde la verdadera libertad con hacer lo que se desea en el momento presente. Se olvida que tenemos responsabilidades con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Por eso Jesucristo nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas, ponerlo en el centro de nuestros pensamientos, acciones y corazón; y a amar al prójimo como a nosotros mismos. En la ley estamos respetando el plan de Dios y respetando también a nuestros hermanos.

Ese plan incluye mandamientos concretos: no robar, no matar, no cometer adulterio, respetar a padre y madre, santificar las fiestas. No es tan difícil cumplirlos cuando Dios habita en nuestro corazón. Pero hay algo esencial —advirtió—: debemos ser firmes en la vivencia de esa ley. No puede ser una ley con excepciones, como si existieran “fines de semana largos” espirituales. No podemos darnos días feriados en la ley del Señor.

La vivencia de las enseñanzas de Dios es a tiempo completo. Es un camino que nos conduce a la paz y al sosiego espiritual. Cuando hacemos las cosas bien, el corazón se afina.

Para ilustrarlo, el Padre Javier compartió una experiencia de sus primeros años de sacerdocio. Acompañó espiritualmente a un matrimonio joven que atravesó una grave crisis cuando el esposo inició una aventura con una compañera de trabajo. La esposa lo descubrió y salvar ese matrimonio requirió mucha oración y acompañamiento. Han pasado quince años y hoy siguen casados, se aman, se cuidan y se respetan.

Sin embargo, el esposo le confesó dos cosas que nunca olvidará. Primero, que durante el tiempo del pecado perdió la paz y vivió con miedo. El pecado —explicó el Padre— nos mete el miedo en el corazón, nos esclaviza y nos ata. Dios nos da libertad para elegir, pero el pecado nos encadena y no nos deja escapar fácilmente. Y segundo, que aunque el matrimonio sobrevivió, las huellas de aquel error permanecen hasta hoy: algo se rompió y nunca volvió a unirse del todo.

Con esta enseñanza concreta, el Padre Javier recordó que la ley de Dios no solo nos ayuda a alcanzar la salvación eterna, sino también a vivir en paz en medio de una vida que muchas veces se vuelve turbulenta. Es momento —concluyó— de decirle al mundo que Dios está en nuestro corazón, que queremos hacer las cosas bien y cumplir con su plan de salvación, viviendo una fe coherente, sincera y sin excusas.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

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