Un solo Dios en tres Personas: Amor que crea, redime y purifica
Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.-Hoy celebramos una de las grandes solemnidades de nuestra fe católica: la Santísima Trinidad. Creemos en un solo Dios en tres Personas distintas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. No son tres dioses, sino un solo Dios verdadero.
A cada Persona se le atribuye una misión en particular, aunque todo es obra de la Santísima Trinidad: al Padre se le atribuye la creación, al Hijo la redención, y al Espíritu Santo la santificación.
Dios Padre nos crea por amor, y hemos sido creados por amor y para amar. Dios Hijo nos redime por amor: “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).
Y Dios Espíritu Santo nos purifica por amor, guiándonos hacia la verdad y la santidad. Todo en Dios gira en torno al amor. Por eso, también nosotros estamos llamados a responder con amor.
La Trinidad nos enseña que, aunque hay diversidad de personas, hay unidad en el amor. Esto se aplica también en nuestras familias: aceptar las diferencias y buscar siempre la unidad, reconociendo el rol de cada uno.
Hoy también celebramos el Día del Padre, y es una oportunidad para reflexionar sobre la vocación a la paternidad. El padre está llamado a ser reflejo del amor de Dios Padre. Ser padre no es un derecho, sino un don, que implica responsabilidad y compromiso. Como enseña la Escritura:
“Instruye al niño en el camino que debe seguir, y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Pr 22,6).
La paternidad exige virtud, amor incondicional y acompañamiento espiritual. “El que ama la instrucción ama el saber; el que aborrece la reprensión es ignorante” (Pr 12,1). Que San José interceda por todos los padres, para que sean verdaderos testigos del amor del Padre.
