El rico ignoró a Lázaro en la tierra, pero lo reconoció demasiado tarde
Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa del domingo 28 de septiembre de 2025, celebrada en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, el Padre Edgar Romero López compartió con los fieles una profunda reflexión basada en el Evangelio de San Lucas (16, 19-31), que nos presenta la parábola del rico y del pobre Lázaro.
El relato nos muestra dos realidades extremas: por un lado, un rico que disfrutaba de banquetes, vestía con la mejor ropa y tenía todo a su alcance; por otro, Lázaro, un mendigo enfermo y cubierto de llagas, que se encontraba tirado a la puerta del rico, ansiando alimentarse con las sobras que caían de su mesa, mientras los perros se acercaban a lamer sus heridas. El contraste es tan fuerte que interpela directamente la conciencia de cada uno.
El Padre Edgar Romero subrayó un detalle importante: el rico no tiene nombre. En la parábola aparecen Lázaro y Abrahán, todos con nombre propio, pero no así el rico. Esto no es casual. En la historia escrita por los hombres, suelen aparecer los nombres de los poderosos y los influyentes, pero en la historia escrita por Dios, son los pobres y los humildes quienes tienen nombre y rostro. Ellos son los protagonistas de la historia de la salvación. Por eso, Lázaro sí es recordado y nombrado, mientras el rico permanece en el anonimato.
“En los ojos de este mundo —dijo el sacerdote—, los pobres no cuentan, son anónimos, no tienen seguidores ni influencia. Pero a los ojos de Dios sí tienen nombre, sí tienen valor. Por esa razón, en la parábola, el que aparece con nombre es Lázaro, no el rico.”
La enseñanza es clara: lo que hacemos en esta vida tiene consecuencias eternas. Tras la muerte, la situación de ambos personajes se invierte. Los ángeles llevan a Lázaro al seno de Abrahán, mientras que el rico termina en medio de tormentos. Allí, por primera vez, el rico reconoce a Lázaro y hasta pronuncia su nombre, pidiendo que le lleve una gota de agua para aliviar su sufrimiento. Pero ya era tarde. “El rico sabía quién era Lázaro —señaló el padre Edgar—, lo reconoció en la otra vida, pero nunca lo reconoció en la tierra, cuando estaba a su puerta.”
Abrahán responde al rico recordándole que en vida recibió bienes y disfrutó de todo, mientras que Lázaro no tuvo nada. Ahora las cosas se han invertido. Además, entre ellos existe un abismo imposible de cruzar. El Padre Romero explicó que este abismo fue construido por el propio egoísmo del rico, por su indiferencia hacia el necesitado.
Para iluminar aún más la enseñanza, el sacerdote recordó la primera lectura del profeta Amós, que denuncia a quienes viven en lujos, banquetes y placeres, olvidándose de sus hermanos. “Ese fue el problema del rico —comentó el padre—, vivió centrado en sí mismo y nunca tendió la mano a Lázaro.”
Finalmente, el Padre Romero dejó un mensaje claro a la comunidad: la vida eterna se comienza a construir aquí y ahora, en la tierra. No podemos vivir como el rico, edificando abismos de indiferencia y egoísmo. Estamos llamados a construir puentes de amor y solidaridad con quienes más lo necesitan.
Así, el Evangelio nos recuerda que no basta con conocer la Palabra de Dios; es necesario ponerla en práctica en gestos concretos de compasión y justicia. Solo así, nuestras vidas tendrán un nombre en la historia que Dios escribe.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.


