Padre Miguel Segura Blay: “La vida no viene de los bienes”

Posted On 21 Sep 2025
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Por Víctor R. AGUILAR.- El Padre Miguel Segura Blay, párroco de la parroquia San Antonio de Padua en Xeresa, Valencia, celebró la misa dominical en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, donde también años atrás fue párroco. Su visita fue recibida con afecto por la comunidad, y su homilía dejó una profunda huella de reflexión en los presentes.

En este pasaje del Evangelio de Lucas 16, 1-13, Jesús cuenta la parábola de un administrador que, al ser despedido por malgastar los bienes de su amo, actúa con astucia para asegurarse un futuro, perdonando parte de las deudas a los deudores. Sorprendentemente, el amo elogia su sagacidad.

Jesús aprovecha para enseñar que, aunque el dinero es un bien injusto, puede usarse con sabiduría para hacer el bien y ganar un lugar en el cielo. La enseñanza central es la importancia de la fidelidad en lo pequeño como prueba de confiabilidad en lo grande, y que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo: debemos decidir a quién damos nuestro corazón y nuestra lealtad.

Al comenzar su reflexión, el Padre Miguel dijo: “Es una gracia, una bendición estar aquí en la parroquia, la cual me acogió desde seminarista, esta fue la primera parroquia que me acogió, en la época del padre José David Pérez. Vamos a ofrecer esta eucaristía por todos ustedes, por la parroquia de Guadalupe, por los enfermos y por todos que tienen alguna dificultad o sufrimiento, que el Señor los consuele, les dé la fe y la salud”.

En su análisis del evangelio, expresó que “la palabra de Dios es una maravilla”, y planteó una pregunta clave: “¿Qué quiere decir esta palabra, y dónde estoy yo en esta palabra?” Señaló que el evangelio habla del administrador, y que es importante entender que él tiene una administración que no ha estado muy bien, “porque ha puesto primero los bienes antes que a su Señor”.

El Padre Miguel también se refirió directamente al tema del dinero: “Si amamos el dinero, no se puede amar a Dios, y nosotros aquí somos muy amantes al dinero, de la casa, del trabajo, del coche, del teléfono… muchos quieren estar más tiempo con el teléfono que con la mujer. Si se te pierde el teléfono, te da ataque”.

Y continuó con una advertencia: “Hay que amar a Dios por encima de todas las cosas. Con todo tu corazón, con toda tu alma. Pero muchos están pensando cómo hacer para seguir comprando. Pero si somos inteligentes —y lo dice la primera lectura— hacemos chanchuyos, trampitas. Por ejemplo, si tienes algo que vale $50, lo pones a $100, para que después te den $80. Cuando vas a hacer el Tax, quitas, pones, por no pagar”.

En su mensaje, también habló sobre la necesidad de oración y la búsqueda de lo eterno: “La palabra nos invita a ponernos en oración, porque las cosas materiales no nos dan la vida. Hasta la ciudadanía se compra, porque algunos se casan y tienen que pagar $9,000 o $10,000 —no sé si ya subió— y después tienes que vivir con esa persona cierto tiempo, aun no te guste.

Y pregunto: ¿quién de nosotros se prepara para ser ciudadano del cielo? Porque aquí no vamos a estar eternamente. Pero aquí hacemos de todo por estar aquí. Es cierto que hemos venido por la necesidad y para ayudar a la familia, pero ¿dónde está Dios dentro de todo esto?”

Luego insistió: “Las cosas materiales no nos dan la vida, el dinero es una seguridad, pero se está viviendo en una sociedad de consumismo. Muchos pensamos que las cosas materiales son primero que Dios, y nos hace ser esclavos. No nos vamos a llevar nada. Ni la ropa, ni el reloj Rolex”.

“Cuando te presentes ante el Señor, no te va a preguntar en qué casa vivías, qué carro tenías. Te preguntará cuánto has amado, qué has hecho con lo que yo te he dado. La misericordia de Dios te ha perdonado los pecados, y tú y yo podamos perdonar”.

Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos… qué difícil es esto, porque hasta San Pedro le dice: ‘¿Cuántas veces tengo que perdonarte? ¿Siete veces?’”

También hizo un llamado urgente a cuidar la fe de los más pequeños: “Lo importante es transmitir la fe a los niños, porque esta sociedad los está comiendo, les está prometiendo el oro y el moro. Y los está invitando, como dice: ‘Donde va la gente, va Vicente’. Hay que orar por todos”.

Con firmeza y sencillez, el Padre Miguel cerró su mensaje: “La vida no viene de los bienes, no nos vamos a llevar nada. Jesucristo no tiene precio, ha dado su vida por toda la humanidad para perdonar el pecado, más aún, para abrir las puertas del cielo que estaban con llave, cerradas por el pecado de Adán y Eva. Lo que necesitamos es ser liberados del pecado y la esclavitud de este mundo”.

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