Entre signos visibles e invisibles, el Adviento nos abre el camino hacia la Navidad
Por Víctor R. AGUILAR.- El primer domingo de Adviento abrió hoy un nuevo tiempo de gracia en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto. En una misa llena de enseñanza, el Padre Javier Valdés invitó a la comunidad a detenerse un momento – a la velocidad del tiempo. “Este año ha pasado demasiado rápido”, comenzó diciendo. “Ayer pareciera que celebrábamos la Navidad del 2024, y ya estamos iniciando el Adviento del 2025”. Sus palabras fueron una llamada a reconocer que la vida pasa veloz y que, justamente por eso, el mensaje del Evangelio de este domingo, Mateo 24, 37-44, se convierte en un mandato urgente para toda nuestra vida espiritual.
El Evangelio nos recuerda —dijo el sacerdote— la importancia de vivir con los ojos del corazón abiertos, vigilantes, atentos al paso de Dios en nuestra historia. Jesús compara la llegada del Hijo del Hombre con los días de Noé, cuando muchos vivían distraídos, ocupados únicamente en lo cotidiano, sin advertir la cercanía del diluvio. Así también nosotros, inmersos en la rutina, damos por sentado un mañana que no está garantizado. Pero el llamado de Cristo no es a vivir con miedo, sino con consciencia: preparados con una fe viva, con obras de amor y con un corazón dispuesto para reconocer su presencia cuando El llegue, porque “quien vive en la luz no teme la llegada del día”.
Desde esta enseñanza, el Padre Javier explicó que el Adviento es un tiempo de cuatro semanas de preparación espiritual, un tiempo que Dios nos regala para disponer el corazón a la alegría del nacimiento de Jesús. Este tiempo —afirmó— posee dos tipos de signos: los visibles y los invisibles.
Los signos visibles son los que todos, creyentes y no creyentes, pueden percibir. Por eso, en la liturgia de hoy se dejó atrás el verde del tiempo ordinario para vestir el color morado, símbolo de esperanza.
Se presentó también la corona de Adviento, con sus cuatro velas que representan el camino de preparación para recibir al Señor. Hoy se encendió la primera, una pequeña luz que abre el tiempo de espera. El sacerdote animó también a colocar en los hogares el arbolito, el nacimiento y demás adornos navideños, no solo como tradiciones sino como signos que proclaman al mundo la alegría de ser cristianos.
Sin embargo, el Padre Javier insistió en que estos signos externos, aunque necesarios, no son suficientes si no van acompañados de los signos invisibles, esos que solo pueden nacer del corazón de los creyentes. El primero de estos —dijo con énfasis— es la alegría. “Nunca imaginé que en el 2025 viviríamos un mundo tan revuelto: guerras en Europa, tensiones peligrosas en Venezuela, enfermedades, desigualdad, hambruna y mucha tristeza”.
Frente a este escenario, los cristianos están llamados a sostener la alegría auténtica, que no es ingenuidad, sino certeza de que Dios camina con nosotros. Aunque siglos de historia no han bastado para que la humanidad comprenda plenamente el mensaje de Jesús —amar y respetar al prójimo, vivir según los mandamientos—, la alegría cristiana sigue siendo un signo de contradicción que ilumina incluso los tiempos más difíciles.
El segundo signo invisible es la esperanza. Una esperanza que no es abstracta, sino arraigada en la historia de la salvación: Dios prometió un Mesías al pueblo de Israel y cumplió enviando a su propio Hijo. A partir de esta verdad, surge también el tercer signo: la fe. Fe absoluta en Dios, confianza total en que nuestra vida está en sus manos. Habrá momentos de dolor, de tristeza y de prueba, pero también de consuelo y gozo. Confiar en el Señor —añadió el sacerdote— es la manera más segura de saber que caminamos sostenidos por sus manos.
El Padre Javier recordó que las personas no pueden ver nuestro corazón, pero sí pueden ver nuestras acciones. Por eso, exhortó a que cada creyente deje ver a Dios en su vida mediante la amabilidad, la solidaridad, la alegría y el amor demostrado en gestos concretos. Entre los signos invisibles, destacó uno que no quiso dejar pasar: la valentía. Hoy, en un mundo que muchas veces rechaza la fe y se presenta hostil a la verdad del Evangelio, puede surgir miedo de expresar nuestra identidad cristiana. Sin embargo, “no tengamos miedo”, dijo firmemente. La felicidad verdadera no está en hacer lo que a cada uno le parece, como propone la cultura actual, sino en vivir en las manos de Dios, en fidelidad a los sacramentos y al Evangelio.
Finalmente, invitó a la comunidad a vivir un Adviento diferente: uno en el que no solo adornemos nuestras casas con signos visibles, sino también nuestro interior con fe, esperanza, alegría y valentía. Que cada signo externo sea expresión sincera de lo que ocurre dentro del corazón. Que cada vela encendida sea una decisión renovada de recibir al Señor con un espíritu dispuesto.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.


