Trump quiere cambiar el nombre del Lago Ontario: “Lake America” entra en escena
SOMOS TORONTO.- La nueva amenaza de Donald Trump de cambiar el nombre del Lago Ontario por “Lake America” ha añadido un nuevo capítulo a la creciente tensión entre Estados Unidos y Canadá. La propuesta, planteada en medio de las disputas comerciales y de los enfrentamientos políticos con Ottawa y el Gobierno de Ontario, ha generado críticas y reacciones a ambos lados de la frontera.
Pero detrás de la controversia política existe una historia mucho más antigua. El Lago Ontario forma parte de un paisaje moldeado durante cientos de años y su nombre tiene raíces que se remontan a mucho antes de la existencia de Canadá y Estados Unidos. Mucho antes de que existieran las actuales fronteras, el territorio que hoy conocemos como Ontario se encontraba sobre la provincia geológica de Grenville, una enorme formación de rocas cristalinas de más de miles de años.
Estas rocas se formaron durante grandes colisiones entre masas continentales que dieron origen a montañas que, en su momento, pudieron rivalizar con las cordilleras más imponentes del planeta. Miles de años de erosión fueron desgastando aquellas montañas hasta dejar el lecho rocoso que hoy forma buena parte de Ontario.
La historia del Lago Ontario es mucho más reciente. Hace unos 20.000 años, gran parte de Ontario estaba cubierta por kilómetros de hielo de la capa glaciar Laurentide. Cuando los glaciares comenzaron a retirarse, enormes cantidades de agua de deshielo ocuparon las depresiones del terreno y formaron una serie de grandes lagos glaciares, antecesores del actual Lago Ontario.
Uno de ellos fue el Lago Iroquois. Hace aproximadamente 12.000 años, el retroceso de los hielos abrió nuevas vías de drenaje hacia el valle del río San Lorenzo. Al mismo tiempo, la tierra comenzó a elevarse lentamente después de miles de años soportando el peso de los glaciares, un fenómeno conocido como ajuste isostático. Estos cambios modificaron el nivel y el recorrido de las aguas hasta contribuir a la formación del Lago Ontario que conocemos actualmente.
Y si el lago es antiguo, su nombre también tiene una historia profunda. Durante miles de años antes de la llegada de los europeos, la región estuvo habitada por pueblos indígenas como los Haudenosaunee, Anishinaabe, Huron-Wendat, Cree y pueblos algonquinos.
El nombre Ontario tiene raíces en una palabra haudenosaunee, Ontarí:io, tradicionalmente relacionada con significados como “gran lago” o “aguas hermosas”. Posteriormente, el territorio tomó el nombre del lago y Ontario se convirtió en una de las provincias fundadoras de Canadá en 1867. En otras palabras, el nombre Lago Ontario no nació con Canadá, ni con Estados Unidos, ni mucho menos con las actuales disputas políticas.
Su historia es anterior a las fronteras modernas y está vinculada a la presencia de los pueblos indígenas que habitaron estas tierras durante generaciones. ¿Puede entonces Trump simplemente cambiarle el nombre? No es tan sencillo. El Lago Ontario es un cuerpo de agua compartido por Canadá y Estados Unidos y su denominación está profundamente integrada en tratados, acuerdos binacionales, legislación y sistemas oficiales de nombres geográficos.
Un presidente estadounidense no puede, por sí solo, cambiar el nombre reconocido internacionalmente de un lago compartido. Cualquier modificación oficial en Estados Unidos tendría que pasar por los procedimientos de la U.S.
Board on Geographic Names, mientras que en Canadá intervienen las autoridades responsables de los nombres geográficos a nivel federal y provincial, además de procesos de consulta cuando existen consideraciones culturales o indígenas.
Por eso, aunque Trump pueda utilizar públicamente el nombre “Lake America” o promoverlo desde Washington, convertirlo en el nombre oficial del lago sería otra cuestión completamente distinta.
Canadá tendría que aceptar cualquier cambio que pretendiera tener reconocimiento binacional, algo que, en el actual clima político, parece altamente improbable. Más allá de la provocación política, la discusión pone nuevamente de relieve una realidad histórica: el Lago Ontario tiene una identidad que se construyó mucho antes de la creación de los Estados modernos de América del Norte.
Sus rocas cuentan la historia de antiguas montañas y continentes; sus aguas recuerdan el paso de enormes glaciares; y su nombre está relacionado con los pueblos indígenas que habitaron la región mucho antes de la llegada de los europeos. Cambiar un nombre en un documento puede parecer sencillo. Cambiar la historia que ese nombre representa es otra cosa.
