El Niño podría traer un invierno inusual a Canadá: más calor, menos nieve y mayor riesgo de incendios
SOMOS TORONTO.- Canadá podría enfrentar un invierno marcado por temperaturas inusualmente altas y condiciones más secas en varias regiones debido al fortalecimiento de El Niño, un fenómeno climático que se desarrolla en el océano Pacífico y que, según los pronósticos más recientes, podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados.
De acuerdo con la meteoróloga, Natasha Ramsahai, los modelos meteorológicos apuntan a un rápido fortalecimiento de El Niño. Incluso existe la posibilidad de que el fenómeno alcance niveles históricos durante el próximo invierno y sus efectos se prolonguen hasta la primavera de 2027.
Los mayores impactos se esperan en el oeste de Canadá, las praderas y el noroeste de Ontario, donde podrían predominar temperaturas por encima de lo normal y condiciones secas durante el invierno. Una de las principales consecuencias sería una menor acumulación de nieve, lo que podría traducirse en menos agua disponible cuando llegue el deshielo.
La reducción de la nieve también disminuiría la protección que el manto blanco proporciona al suelo durante los meses fríos. Esto, combinado con una menor cantidad de agua procedente del deshielo, podría aumentar el riesgo de sequía e incendios forestales durante 2027.
En otras partes del país, los efectos podrían ser diferentes. Quebec y buena parte de las provincias Marítimas podrían experimentar condiciones más frías durante el invierno. En el sur de Ontario, mientras tanto, El Niño podría favorecer un invierno más corto y una mayor frecuencia de ciclos de congelación y deshielo.
Estas condiciones podrían provocar más episodios de lluvia helada, inundaciones y daños en las carreteras, incluyendo un aumento de los baches debido a los constantes cambios entre temperaturas bajo cero y sobre cero. También podrían afectar actividades que dependen del frío, como la producción de jarabe de arce y vino de hielo, además de acortar la temporada de esquí.
Al mismo tiempo, temperaturas más moderadas podrían mantener abiertas durante más tiempo las rutas de navegación en los Grandes Lagos al reducir la formación de hielo, lo que favorecería una temporada de transporte marítimo más prolongada.
¿Qué es El Niño?
El Niño es un fenómeno climático natural que aparece, por lo general, cada dos a siete años y forma parte de un ciclo que también incluye La Niña y períodos neutrales.
Se produce cuando los vientos que normalmente empujan las aguas cálidas del Pacífico hacia el oeste se debilitan. Como resultado, una gran cantidad de agua cálida se desplaza hacia el centro y el este del océano Pacífico. Cuanto mayor es la temperatura del agua respecto a lo normal, mayor puede ser la intensidad del fenómeno.
Aunque El Niño es un fenómeno natural, sus efectos se superponen a los cambios relacionados con el calentamiento global, lo que puede contribuir a condiciones meteorológicas más variables y extremas.
Un posible episodio histórico
Los datos citados por los meteorólogos muestran que la temperatura de la zona del Pacífico utilizada para medir la intensidad de El Niño se encontraba en agosto entre 1,89 y 2 grados Celsius por encima del promedio. Un episodio suele considerarse de intensidad excepcional cuando supera los 2 grados.
El récord registrado en esa medición se sitúa alrededor de 2,4 grados Celsius, correspondiente al episodio de 1982-1983. Sin embargo, algunos modelos meteorológicos han proyectado temperaturas de entre 3 y 4 grados por encima de lo normal durante el próximo invierno, aunque estas proyecciones todavía están sujetas a cambios.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior al 90 por ciento de que El Niño alcance su máxima intensidad durante el invierno y que sus efectos puedan continuar entre marzo y mayo de 2027.
Los meteorólogos, sin embargo, advierten que se trata de un fenómeno complejo y que las condiciones pueden cambiar rápidamente. Por ello, aunque ya se observan señales claras de un invierno diferente en varias regiones de Canadá, todavía existe incertidumbre sobre la magnitud exacta de sus efectos.
Uno de los fenómenos que ya está llamando la atención es la actividad de huracanes en el Atlántico. Para mediados de septiembre, todavía no se había formado un huracán de gran intensidad, algo poco habitual para esta etapa de la temporada. En 2002 y 2013, por ejemplo, los primeros grandes huracanes de esas temporadas se formaron el 11 de septiembre, los inicios más tardíos registrados desde que comenzó el seguimiento satelital moderno en 1966.
En los próximos meses, la evolución de El Niño será clave para determinar cuánto calor, sequedad, nieve y lluvia recibirá cada región de Canadá. Por ahora, el principal llamado de atención de los meteorólogos está en el oeste y las praderas: menos nieve durante el invierno podría significar menos agua en primavera y un mayor riesgo de sequía e incendios durante 2027.
