De María al Sagrado Corazón: Un Camino de Conversión y Amor
Por el Padre Ricardo MENDOZA GARCIA.- Hemos concluido el mes de mayo, dedicado con profunda devoción a la Virgen María, culminando con la fiesta de la Visitación. En la jornada de Un Día con María, el Cardenal Leo destacó diversos aspectos marianos, pero subrayó uno de modo especial: María es la obra maestra de Dios.
En mayo aprendimos, de la mano de Nuestra Madre, a tener una relación de corazón a corazón con Cristo. Ahora iniciamos junio, mes consagrado al Sagrado Corazón de Jesús. Los invito a vivir este tiempo como una oportunidad para profundizar esa oración íntima con Cristo, quien nos enseña a dirigirnos al Padre, tal como enseñó a sus discípulos: “Cuando oren, digan: Padre…” (Lc 11,2).
Hoy celebramos también la Ascensión del Señor. El Evangelio según San Lucas nos dice: “Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lc 24,51). No fue un abandono, sino la glorificación de su humanidad resucitada. Antes de ascender, Cristo confía a sus discípulos la misión: “Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones” (Mt 28,19), inaugurando así el tiempo de la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo.
“Y se predicará en su nombre la conversión para el perdón de los pecados” (Lc 24,47). Pero, ¿cómo hablar del pecado en un mundo que ya no cree en él, que ha perdido el sentido del bien y del mal? Es urgente anunciar la metanoia, la conversión auténtica del corazón. Digamos con humildad: “Arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” (Ez 36,26).
El Cardenal Leo, en su mensaje sobre el Sagrado Corazón, señaló con claridad:
“Debemos asegurarnos de que los símbolos que usamos sean coherentes con nuestra fe católica y no tomados de foros ideológicos promovidos por grupos de presión y respaldados por movimientos políticos.”
Pidamos verdaderamente a Cristo que transforme nuestros corazones y que cultivemos nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús, así como su corazón fue traspasado por una lanza, para que también nuestros corazones sean traspasados por el amor, por el fuego hacia Cristo.
Que este mes de junio sea tiempo de renovación interior, al calor del Corazón de Cristo, fuente de misericordia, esperanza y vida eterna.

