La estrella que guía el corazón: Epifanía y el arte de reconocer a Dios en la vida
Por Víctor R. AGUILAR.- La liturgia del domingo 4 de enero de 2026, celebrada en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, nos invitó a contemplar el misterio de la Epifanía del Señor, a la luz del Evangelio según san Mateo (2, 1-12) y de la profunda reflexión compartida por el Padre Edgar Romero durante su homilía.
El Evangelio nos presenta a unos magos de Oriente que, guiados por una estrella, llegan hasta Belén para adorar al Niño Jesús. Alarmado, el rey Herodes intenta usar a estos hombres con malas intenciones, pero ellos, tras encontrar al Niño con María, ofrecerle oro, incienso y mirra, y recibir una advertencia en sueños, regresan a su tierra por otro camino. Este relato, tan conocido, fue abordado por el Padre Edgar con varias precisiones necesarias para comprender el verdadero sentido de la fiesta que celebramos.
En primer lugar, el sacerdote aclaró que la Iglesia no celebra la fiesta de los “Reyes Magos”, sino la fiesta de la Epifanía. “Epifanía” significa manifestación o revelación. Lo central de esta solemnidad no son los personajes, sino Cristo, el Señor que se revela en la pequeñez de un niño a toda la humanidad, sin distinción de raza, cultura o condición. Dios es para todos.
El Padre Edgar explicó también que muchos elementos que damos por sentados pertenecen más a la tradición popular que al texto bíblico. El Evangelio no dice que fueran tres, ni que fueran reyes, ni menciona sus nombres. Solo habla de “unos magos de Oriente”. La idea de que fueran tres surge, probablemente, por los tres regalos mencionados; y los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar provienen de escritos apócrifos, no de la Biblia. Incluso recordó, con un toque de humor, la antigua leyenda del “cuarto rey mago”, subrayando que lo importante no es el número ni los detalles, sino el mensaje de fe que encierra el relato.
Uno de los signos más hermosos que destacó el Padre Edgar fue la estrella. Esa estrella que los magos observaron y siguieron es un símbolo profundamente cristiano. Mirar, buscar, moverse y seguir son actitudes esenciales en la vida del creyente. La estrella representa los signos de Dios que se manifiestan en nuestra historia personal y que, si estamos atentos, nos conducen hasta Jesús.
Desde su propio testimonio, el sacerdote compartió cómo en su vida ha tenido muchas “estrellas”: su mamá y su abuelita, que cuidaron su educación en la fe; las religiosas que le enseñaron a rezar; los catequistas cuya misión es precisamente guiar a otros hacia Cristo. Algunas de esas estrellas ya no están físicamente, como su abuelita, pero permanece lo más valioso: lo que enseñaron y el camino que ayudaron a descubrir.
El mensaje final fue una invitación clara y cercana: reconocer las estrellas de nuestra propia vida. Personas, experiencias, la Palabra de Dios, la Eucaristía, la comunidad, que el Señor pone en nuestro camino para guiarnos hasta Él. Dios sigue hablándonos, sigue manifestándose, pero necesitamos ojos atentos y un corazón dispuesto a seguir la luz.
Celebrar la Epifanía es, entonces, renovar nuestra fe en un Dios que se revela, que sale al encuentro de todos y que nos llama a caminar, como los magos, dejándonos guiar por la estrella, para encontrarnos con Cristo y, como ellos, volver a nuestra vida transformados, por otro camino.

