No tengamos miedo de ser sal y luz: una fe que se vive sirviendo al hermano

Posted On 08 Feb 2026
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Por Víctor R. AGUILAR.- En la misa celebrada este 8 de febrero de 2026 en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Toronto, presidida por el Padre Javier Valdés y concelebrada por el diácono Carlos Retamales, fue precisamente el diácono Carlos Retamales quien se encargó de predicar la reflexión de las lecturas del día, ofreciendo una profunda homilía centrada en el llamado a vivir una fe auténtica, coherente y visible a través de las obras, especialmente al acercarnos al tiempo de Cuaresma, que comenzará el Miércoles de Ceniza, el 18 de febrero.

Tomando como base el Evangelio de San Mateo 5, 13-16, el diácono recordó las palabras de Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo. La sal no puede perder su sabor, porque deja de servir, y la luz no puede esconderse, porque está llamada a iluminar a todos. Jesús nos invita a que nuestras buenas obras se vean, no para nuestra gloria, sino para que otros glorifiquen a Dios.

Al iniciar su reflexión, el diácono Carlos Retamales subrayó que las lecturas de este día son una invitación directa a revisar cómo vivimos nuestra religiosidad. En la primera lectura, Dios habla a su pueblo a través del profeta y, de manera que puede resultar desconcertante, parece no responder de inmediato a Israel. Un pueblo que había sufrido la esclavitud y el destierro, pero que, aun así, continuaba con prácticas religiosas vacías, olvidándose del hermano, del prójimo, y viviendo centrado en sí mismo. Dios es claro: Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, no des la espalda a tu propio hermano. El diácono hizo hincapié en que muchas veces nos preocupamos por rezar, pero nos olvidamos de quienes necesitan algo concreto de nosotros.

Continuando su reflexión, señaló que, sin darnos cuenta, podemos convertirnos en piedra de tropiezo para otros. A veces exigimos, juzgamos o creemos vivir la fe correctamente, sin revisar nuestras actitudes y nuestra manera de actuar. Vivir la cristiandad no es solo cumplir normas, sino expresar la fe a través de obras de caridad: dar de comer al hambriento, ayudar al necesitado, no darle la espalda al hermano. Y recordó que no siempre la ayuda más importante es la material; muchas veces basta con escuchar, acompañar, ayudar a discernir o dar un buen consejo.

Esta invitación es para todos. El diácono se dirigió también a la vida cotidiana en el hogar: cómo nos comportamos con mamá o papá, si ayudamos en los quehaceres de la casa, una reflexión que no es solo para los niños, sino para todos los miembros de la familia. Asimismo, hizo referencia a los matrimonios, invitando a preguntarnos cómo es nuestro comportamiento con el esposo o la esposa, si somos serviciales, si colaboramos, si vivimos el amor en lo concreto del día a día.

El Salmo refuerza este mensaje al describir al justo como aquel cuyo corazón está seguro y sin temor, que reparte limosna a los pobres y cuya caridad es constante. El diácono explicó que cuando somos serviciales y ayudamos a otros, Dios nos bendice y nos provee más, porque Él, que es justo, ve nuestras acciones y nos fortalece para seguir sirviendo.

También recordó que cuando una persona vive de esta manera, Dios está con ella, incluso en los momentos difíciles. Tal como dice la primera lectura: Entonces llamarás al Señor y El te responderá; lo llamarás y te dirá: aquí estoy”. Cuántas veces, en medio de la angustia, clamamos al Señor, pero olvidamos servir al necesitado. Esta es una oportunidad, dijo, para comprender que nuestra fe se demuestra más con hechos que con palabras. Podemos hablar de Dios, de Jesucristo, leer la Biblia de principio a fin, pero si nuestras acciones no son coherentes, nuestro testimonio pierde fuerza.

Por todo ello, el diácono Carlos Retamales hizo una invitación clara y directa: vivir nuestra fe de forma transparente y fiel al Evangelio. En la segunda lectura, San Pablo recuerda que no convencía con palabras sabias, sino con el anuncio sencillo y verdadero de Jesucristo y con el testimonio de su vida.

Finalmente, al volver al Evangelio, el diácono planteó una pregunta que interpela a todos: ¿cuántos de nosotros somos realmente sal de la tierra y luz del mundo? Preguntó a los niños si comparten con sus compañeros, si dan testimonio de que van a la iglesia o si se pelean con ellos. Muchas veces, dijo, nos centramos en nosotros mismos creyendo que hacemos lo correcto, pero el Evangelio de hoy nos llama con fuerza a salir de nosotros, a dar ejemplo con nuestras acciones y palabras, a vivir con humildad y espíritu de servicio.

No se trata de que nosotros brillemos, sino de que Cristo brille a través de la luz que estamos dispuestos a dar. No se trata de cuánto tenemos o poseemos, sino de cuánto somos capaces de iluminar la vida de los demás. No podemos vivir encerrados en nosotros mismos. Estamos llamados a ser sal que da sabor y luz que guía, para que, a través de nuestra vida, otros puedan encontrarse con Dios.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

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