Bajo la cruz y en la fe: Padre Javier Valdés llama a poner a Dios en el centro de la vida
Por Víctor R. AGUILAR.- La celebración de la misa dominical del 28 de junio en la parroquia Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Toronto, reunió una vez más a una iglesia completamente llena de fieles que acudieron al encuentro con Dios en la eucaristía de las 10:00 de la mañana, presidida por el Padre Javier Valdés junto al diácono Carlos Retamales.
Antes de iniciar la celebración, el Padre Javier compartió unas sentidas palabras marcadas por el dolor ante la tragedia que atraviesa Venezuela tras el reciente terremoto. Con visible emoción expresó que su corazón “se ha partido en muchos pedacitos”, recordando que lleva en su alma un poco de cada país de la amada Latinoamérica. Señaló que la parroquia es una casa común donde las nacionalidades dejan de tener barreras, porque todos forman parte de una sola patria latinoamericana unida en la fe.
El sacerdote recordó con profunda tristeza a las miles de personas afectadas por la tragedia, especialmente a quienes continúan desaparecidos bajo los escombros y a las familias que sufren la pérdida de sus seres queridos. Por ello, ofreció la eucaristía por todos aquellos que han perdido la vida, elevando una oración para que el Señor les abra las puertas del Reino de los Cielos, ese lugar donde ya no existe sufrimiento ni preocupación. Asimismo, pidió a Dios fortaleza para el pueblo venezolano y esperanza para que continúen apareciendo sobrevivientes y llegue la pronta recuperación de una nación golpeada por una dura prueba.
El Evangelio del día, tomado de Evangelio según San Mateo, invitó a los fieles a reflexionar sobre la prioridad que debe ocupar Dios en la vida. Jesús llama a ponerlo por encima de cualquier otro afecto, a seguirlo con entrega aun en medio de las dificultades y a comprender que quien entrega su vida por El encuentra la verdadera vida. Además, enseña que incluso el gesto más pequeño de bondad o ayuda, realizado con amor hacia Cristo y hacia el prójimo, tiene un valor inmenso ante Dios y será recompensado.
Durante su reflexión, el Padre Javier compartió la pregunta que una vez le formuló una persona: cómo podía alguien creer en un Dios que aparentemente pide dejar al padre, a la madre o a los hijos para seguirlo, e incluso cargar una cruz para alcanzar la salvación. Ante esta inquietud, explicó que una lectura superficial del Evangelio puede llevar a interpretaciones incompletas. La clave, señaló, está en comprender el mensaje desde la fe: Dios no pide abandonar a quienes amamos, sino colocarlo en el centro de nuestra existencia para que, desde allí, toda nuestra vida sea iluminada por su gracia.
El sacerdote explicó que Dios debe ser el corazón de nuestra alma. Así como el corazón humano bombea sangre y da vida a cada órgano, Dios debe dar vida a cada proyecto, pensamiento, obra y decisión. Poner a Dios en primer lugar significa permitir que nuestros sueños, planes y esperanzas tengan un fundamento que trascienda el tiempo y alcance la eternidad.
En ese contexto, el Padre Javier advirtió sobre los peligros de reemplazar a Dios con realidades pasajeras como el dinero, la belleza física, la inteligencia o el orgullo. Recordó que existen muchas cosas que el dinero no puede comprar, como la salud, y muchas otras que el ser humano aún no logra comprender o resolver, como ciertas enfermedades graves. Del mismo modo, la fortaleza física o el orgullo son limitados, porque siempre habrá alguien más fuerte o más capaz. Todo aquello que el hombre coloca en lugar de Dios termina siendo temporal. En cambio, afirmó, todo proyecto puesto en manos del Señor tiene la garantía de no quedar abandonado, porque Dios nunca falla.
El Padre Javier destacó también la primera gran enseñanza del Evangelio: poner a la familia en las manos de Dios. Cuando el hogar camina bajo la guía divina, explicó, cada integrante avanza iluminado por la protección y la paz que provienen del Señor.
La segunda enseñanza, añadió, es aceptar la cruz. Si Cristo cargó la suya por amor a la humanidad y el camino hacia la resurrección pasó por el sufrimiento, también cada creyente está llamado a cargar sus propias cruces. El dolor, la derrota, las caídas y las luchas contra el pecado forman parte del camino humano. No siempre se ganan todas las batallas, pero incluso en la fragilidad puede manifestarse la presencia salvadora de Dios.
En ese sentido, el sacerdote dio valor espiritual a las pruebas difíciles de la vida. Reconoció que muchas veces surgen preguntas dolorosas: por qué suceden cosas malas si se camina con Dios, si se asiste a misa o se vive una vida de fe. Ante esas interrogantes, recordó que existen misterios que superan la limitada comprensión humana. La respuesta de la fe, afirmó, no siempre consiste en entenderlo todo, sino en aprender a decir con confianza: “Señor, confío en Ti”.
Para el Padre Javier, la fe es precisamente eso: confiar en aquello que no se ve, pero que se siente profundamente en el corazón. Dios no pide que la familia o los sueños estén por debajo de Él; lo que pide es estar en el centro del corazón humano, para que todo lo que se haga, se construya o se alcance esté bendecido por su gracia.
Finalmente, el sacerdote recurrió a una imagen cercana y profundamente humana. Recordó que cuando éramos niños, adolescentes o jóvenes, cada logro importante queríamos compartirlo primero con nuestros padres; y cuando enfrentábamos problemas o tristezas, también acudíamos a ellos buscando consejo y consuelo. Esa misma confianza, dijo, debemos tener con Dios.
Como mensaje final, invitó a los fieles a compartir con el Señor cada alegría conquistada, cada obra lograda, pero también cada sueño roto, cada preocupación y cada enfermedad. Asimismo, recordó la presencia maternal de María, quien intercede por todos los bautizados y acompaña el caminar de la Iglesia.
La reflexión concluyó con una invitación clara y esperanzadora: cuando la vida presente preguntas sin respuesta, cuando el dolor parezca incomprensible o el camino se torne difícil, el creyente está llamado a confiar plenamente en Dios. Porque, como recordó el Padre Javier Valdés, en Él se encuentra la verdadera alegría, la paz duradera y la auténtica felicidad.
DATOS:
La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.
Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo (6:00pm).
INFORMACION: (416) 767-8658.
EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

