La duda nos hace hundir, la mano de Jesús nos vuelve a levantar

Posted On 09 Aug 2026
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Toronto, 9 de agosto 2026. — En la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de Toronto, la misa de este domingo fue celebrada por el padre Javier Valdés, acompañado por el diácono Carlos Retamales. En su reflexión sobre el Evangelio de San Mateo 14, 22-33, el sacerdote invitó a los fieles a mirar las tempestades de la vida desde la fe y a descubrir que la verdadera libertad está en permanecer cerca de Dios y tomar la mano de Jesús.

Al comenzar su reflexión, el padre Javier Valdés explicó que el Evangelio de este domingo tiene una continuidad con el Evangelio del domingo pasado. En aquella ocasión, el Señor se encontraba frente a una multitud hambrienta. Sin embargo, señaló que aquel hambre no era solamente físico, sino que representaba también una búsqueda de sentido para sus vidas. Jesús alimentó a aquella multitud con el simbolismo de los cinco panes y los dos peces, realizando el milagro de multiplicar aquello que parecía poco a los ojos humanos, pero que era suficiente a los ojos de Dios para saciar el hambre de todos.

Para el sacerdote, aquellas personas no tenían solamente hambre de alimento, sino también hambre espiritual. Buscaban algo que diera sentido a su existencia, y Jesús responde a esa necesidad.

El padre Javier recordó que, después de realizar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús se retira a rezar y manda a sus discípulos hacia la otra orilla. En ese gesto encuentra una primera enseñanza para los cristianos: la importancia de tener una relación personal con Dios.

La fe, explicó, pasa por el encuentro personal con Cristo. Crece, se alimenta y se desarrolla dentro de una comunidad cristiana, pero también es necesario tener durante la semana o durante el día un momento para estar a solas con Dios. Jesús mismo busca ese momento de oración personal y se retira para encontrarse con Dios.

Mientras Jesús está en oración, los discípulos continúan su camino en una barca y se encuentran con una tempestad. Para el padre Javier, aquella tempestad representa las tempestades que todos podemos vivir a lo largo de nuestra existencia.

La vida no es un camino lineal de alegría y felicidad. En ella existen momentos buenos y momentos malos, altos y bajos. Hay momentos en los que estamos bien y otros en los que nos encontramos con dificultades. Y cuando llegan esos momentos difíciles, el cristiano busca a Dios para encontrar nuevamente el camino de regreso al bien.

En medio de la tempestad, Jesús deja su momento de oración y va en auxilio de sus discípulos. Al verlo caminar sobre el agua, Pedro le pide: “Déjame ir caminando sobre el agua hacia ti”.

El padre Javier encontró en esta petición una segunda enseñanza. Pedro está pidiendo algo que es demasiado, algo que supera las capacidades humanas. Y esto permite recordar que las cosas de Dios son de Dios y las cosas de los hombres son de los hombres.

El ser humano nunca puede pretender ser como Dios en su existencia. Somos criaturas limitadas, marcadas por nuestras virtudes, pero también por nuestros defectos y por aquellas limitaciones que forman parte de nuestra vida. Por eso, señaló el sacerdote, el lugar de Dios es solamente para Dios. Ese lugar que corresponde a Dios también debe estar presente en nuestro corazón.

Pedro comienza a caminar sobre el agua hacia Jesús, pero cuando siente la fuerza del viento pierde la confianza y comienza a hundirse. En ese momento aparece el miedo, un sentimiento que, según explicó el padre Javier, también está presente muchas veces en nuestra propia existencia.

Existe el miedo a enfermarnos, el miedo a que nuestros sueños no se hagan realidad, el miedo a que nuestros proyectos fracasen y el miedo ante aquellas situaciones que no podemos controlar. Pedro, al sentirse hundido y desesperado, solamente puede pedir ayuda al Señor: “Sálvame, sálvame”.

Para el padre Javier, ese grito de Pedro puede ser también el grito de cada uno de nosotros. Muchas veces llegamos a la iglesia buscando algo que dé sentido a nuestra existencia y que nos salve. En medio de las dificultades, buscamos una respuesta que nos permita recuperar el camino y encontrar nuevamente tranquilidad.

Pedro pide desesperadamente a Jesús que lo salve y Jesús extiende su mano. Pedro se agarra de esa mano y el miedo desaparece.

En esa imagen, el padre Javier encuentra la idea central del Evangelio de este domingo: la verdadera libertad de un hombre o de una mujer cristianos está en agarrar la mano de Jesús.

La verdadera libertad está en permanecer cerca de Jesús y cerca de Dios Padre. Es allí donde encontramos las respuestas a nuestras interrogantes, la solución a nuestros problemas y la tranquilidad para nuestro corazón.

Muchas veces, señaló el sacerdote, vamos por la vida preocupados, tratando de solucionar o arreglar todas las dificultades que se presentan en nuestro camino. Queremos resolverlo todo con nuestras propias capacidades humanas y, en ese intento, olvidamos que tenemos un Dios que es Padre y todopoderoso.

No podemos solucionar todo en nuestra vida. Por eso, igual que Pedro, también nosotros tenemos que ser capaces de decirle al Señor: “Sálvame, no puedo solo”.

Para el padre Javier, reconocer que no podemos solos significa también abandonarnos a la gracia de Dios. Se trata de confiar en El y aceptar que nuestras capacidades humanas tienen límites. Pedro se asusta, pero vuelve a confiar en el Señor, toma su mano y el miedo desaparece. Con esa confianza recupera también la felicidad.

La reflexión del sacerdote lleva así a una conclusión fundamental: nuestra verdadera libertad no está en aquello que poseemos, sino en nuestra cercanía con Dios.

No está en el dinero ni en los bienes materiales. Son cosas que pueden ser importantes, pero son pasajeras y nunca pueden tener más importancia que tener a Dios en el centro de nuestra existencia.

“Dios debe estar en el centro de nuestros proyectos, de nuestros pensamientos y de nuestras familias. Debe estar en el centro de nuestra alma y de nuestro corazón”, dice el sacerdote.

“Porque cuando las tempestades llegan, cuando aparece el miedo y cuando sentimos que nuestras propias fuerzas ya no son suficientes, la respuesta está en confiar en Dios y tomar la mano de Jesús”.

La enseñanza que deja el padre Javier Valdés es, en definitiva, una invitación a no pretender solucionar solos aquello que supera nuestras fuerzas, sino a reconocer nuestra necesidad de Dios. Como Pedro, también nosotros podemos decir: “Señor, sálvame”.

DATOS:

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Toronto, es una parroquia católica que se encuentra ubicada en el 694 Weston Road. Única dentro de las parroquias canadienses porque las celebraciones y servicios son completamente en idioma español.

Los domingos hay cuatro misas en español: 8:00am, 10:00am, 12:00pm y 1:45pm. La de las 5:00pm., es en inglés. Misas dentro de semana, Jueves (7:00pm), Viernes (7:00pm) y del Sábado que también es válida por el domingo  (6:00pm).

INFORMACION: (416) 767-8658.

EMAIL: olgpoffice@guadalupetoronto.com

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