La enfermedad renal puede avanzar en silencio: 3 señales que no debes ignorar
SOMOS TORONTO.- La enfermedad renal crónica (ERC) puede avanzar durante años sin causar síntomas evidentes. Por eso se le suele considerar una enfermedad “silenciosa”: cuando las señales son claras, la función de los riñones puede estar ya comprometida. La detección temprana, especialmente mediante análisis de sangre y orina, permite identificar alteraciones antes de que el problema avance y aumente el riesgo de complicaciones cardiovasculares, diálisis o trasplante.
Entre las señales que con mayor facilidad pasan desapercibidas está la orina espumosa. Cuando aparece de manera persistente, puede estar relacionada con la presencia de proteínas en la orina, un posible indicador de daño en los filtros de los riñones. También puede presentarse hinchazón en los párpados, pies, tobillos o manos debido a la acumulación de líquidos. Algunas personas lo notan al final del día, cuando los zapatos, anillos o prendas les quedan más ajustados de lo habitual.
Otra señal que suele atribuirse al envejecimiento o al cansancio cotidiano es la fatiga persistente. A medida que la función renal disminuye, pueden aparecer anemia y acumulación de sustancias de desecho en la sangre, lo que puede provocar falta de energía, debilidad o malestar. Asimismo, levantarse con frecuencia durante la noche para orinar puede ser una alteración que conviene consultar, sobre todo si representa un cambio respecto al patrón habitual.
La presión arterial alta también merece especial atención. La hipertensión puede contribuir al deterioro de los riñones y, al mismo tiempo, la enfermedad renal puede favorecer que la presión aumente, creando un círculo que acelera el daño. Por ello, controlar regularmente la presión es una parte importante de la prevención.
En etapas más avanzadas pueden aparecer otros síntomas, como pérdida de apetito, náuseas, un sabor metálico en la boca, mal aliento, picazón sin una causa aparente o cambios importantes en la cantidad de orina. La orina de color oscuro o similar al de una bebida de cola, la presencia de sangre en la orina o una disminución marcada de la cantidad de orina requieren valoración médica inmediata.
El riesgo de desarrollar enfermedad renal es mayor en personas con diabetes, hipertensión, obesidad, antecedentes familiares de enfermedad renal, cálculos renales recurrentes o infecciones renales frecuentes. En estos grupos, esperar a que aparezcan síntomas no es una buena estrategia, ya que la enfermedad puede estar presente sin producir molestias. La buena noticia es que muchas medidas para proteger los riñones también ayudan a cuidar la salud general.
Mantener un peso saludable, controlar la presión arterial y la glucosa, mantenerse adecuadamente hidratado, no fumar, llevar una alimentación equilibrada y evitar el uso innecesario o prolongado de determinados analgésicos puede ayudar a reducir riesgos. Los controles médicos son especialmente importantes para quienes tienen factores de riesgo.
Un análisis de sangre para evaluar la creatinina y estimar la tasa de filtración glomerular (eGFR), junto con un análisis de orina para detectar proteínas o albúmina, puede revelar alteraciones incluso cuando la persona se siente completamente bien. La frecuencia de estos controles debe determinarla un profesional de salud según los antecedentes y el riesgo individual.
La enfermedad renal no siempre avisa con dolor. Por eso, prestar atención a cambios aparentemente pequeños —como orina persistentemente espumosa, hinchazón, cansancio inexplicable o cambios en la frecuencia y cantidad de orina— puede marcar una diferencia. Detectar el problema temprano ofrece una mayor oportunidad de tratar su causa, proteger la función renal y evitar que el daño progrese.
